domingo, febrero 5, 2023

Un mundo indigno

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En un reciente informe sobre riqueza mundial del Boston Consulting Group, se desvela que el 1% de todos los habitantes del planeta controla casi el 40% del total de la riqueza del mundo. Y eso ahora, porque la enorme desproporción actual parece ser que va a seguir aumentando en los próximos años. Las cifras son escalofriantes: la riqueza privada, lo que tienen en sus cuentas y en sus inversiones señores y señoras con nombres y apellidos, llega a los 135 billones de dólares y ha crecido en el último año un 7,8%; pero es que dentro de ese peculiar club, también hay clases y sólo el 1% de los más ricos de los ricos posee casi 53 billones de dólares. Y cuanto más rico eres, más rico te vuelves y más rápidamente mientras que cuanto más pobre eres, más te vas hundiendo en la pobreza y más vas a tardar en salir de ella. Los datos se pueden encontrar en Internet y los ha hecho públicos la CNBC.

La pregunta que uno se hace inmediatamente es en qué mundo vivimos y cómo es posible no sólo llegar a una inmoralidad tan grande sino que de alguna forma esa injusticia social se mantenga, se aliente y pueda ir en aumento sin que la multitud de instituciones que velan por el bien de todos sea capaz de poner freno a esta desaforada barbarie.

Todas estas cifras, y las personas que hay detrás de ellas, se concentran mayoritariamente en Estados Unidos y Europa, los grandes ejemplos de la humanidad, las dos grandes potencias que lideran el pensamiento mundial y que marcan el paso del resto de los países. Defendemos la libertad y dejamos que los mercados actúen. Nos ponemos como ejemplo a seguir porque hemos llegado a unos niveles de bienestar como jamás ha conocido no la humanidad pero si nuestros entornos sociales, nuestras propias sociedades y, aun inmersos en la crisis, vivimos, pese a todo, aceptablemente bien.    

Pero ya no se trata de nosotros ni de nuestra crisis; hablamos de un futuro desolador para esa humanidad que desconocemos. Porque el dinero, esas cantidades inmensas en poder de tan pocos, tiene que salir de algún sitio y alguien debe estar muriendo en algún lugar para que los pocos más ricos multipliquen sus riquezas a un ritmo infinitamente superior del que se tarda en salir un poco, sólo un poco, de la pobreza absoluta.

Algo no funciona en este sistema pero a nadie parece preocuparle demasiado. Ahora nos ha tocado a nosotros congelar pensiones y discutir las ayudas a los parados. Y lo pasamos mal. Y nos parece injusto. Y lo es. Pero alguien se ha preguntado seriamente si al final no tienen todo el mismo origen. Me lo pueden explicar de un millón de formas y darme un millón de razones, pero que unos cuantos seres humanos, muy pocos, tengan una fortuna de 135 billones de dólares mientras los famosos -y humildes- objetivos del milenio no puedan cumplirse por falta de

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