viernes, diciembre 9, 2022

Políticos sin alma

Hace unos días, entrevistando a una famosa presentadora, se preguntaba y me preguntaba: ¿En qué piensan los políticos cuando toman medidas que afectan tan directamente a los ciudadanos, como son la subida de impuestos, el pago de medicamentos, la privatización de la Sanidad pública, el aumento de alumnos en las aulas, la desaparición de las becas de comedor o de estudios, la supresión de la Ley de Dependencia, en quién piensan, o si se limitan simplemente a dar el tijeretazo sobre un papel repleto de números pero en el que no aparece rostro alguno, solo frías cifras? No supe qué contestarle porque nunca he participado de esas reuniones donde tan alegremente se decide sobre la vida, la economía y la salud de las personas, sin tener en cuenta los dramas humanos, las situaciones de desamparo en que quedan ancianos, niños, mayores y jóvenes, cuando se les quita el colchón de las ayudas sociales.

Un político que no escucha a sus ciudadanos es un político sin alma

Sé que hay gente que por ideología o interés aplaude todas y cada una de las medidas del Gobierno, pero me consta que son muchas más las que cuestionan el procedimiento, la manera de encarar la crisis, con unos recortes que siempre afectan a los que menos tienen y más ayuda necesitan. Pero siendo esto preocupante, lo peor es el desprecio de algunos políticos -léase Lucia Figar y Javier Fernández Lasquetty, consejeros de Educación y Sanidad de la Comunidad de Madrid-, hacia aquellos a los que deben el máximo respeto, les hayan votado o no. Y sirva de ejemplo la forma en que han sido despedidos 500 facultativos de los grandes hospitales de Madrid, sin darles tiempo siquiera a recoger sus cosas o a atender a los pacientes que tenían cita ese día o los siguientes, operaciones programadas, o pruebas de vital importancia para los enfermos. Poner en la calle a cirujanos, jefes de área, médicos especialistas, la mayoría de ellos con gran prestigio profesional, sin ni siquiera agradecerles los servicios prestados, después de 40 años trabajando por una mejor calidad de la medicina pública, demuestra las escasa sensibilidad de Lasquetty por los profesionales, pero sobre todo por lo público. Actitud que es el resultado de no haberse bajado del coche oficial desde que terminó los estudios en la universidad, porque de otra forma no se entiende que no quiera escuchar tampoco a ese millón de ciudadanos que han votado por la no privatización de la Sanidad pública.

Un político que no escucha a sus ciudadanos es un político sin alma, un político que debería explicar con humildad por qué hace lo que hace y a quién benefician sus decisiones.

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Rosa Villacastín

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