jueves, diciembre 1, 2022

¡Basta!

Esto es una estafa programada. Un ejemplo: un joven universitario, Thomas Herndon, descubrió errores de base en el análisis Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, profesores de Harvard, presuntos expertos economistas y autores del estudio que avala científicamente la necesidad de las políticas de austeridad. El estudiante desmontó la demostración empírica en la que se sustentaba la doctrina acogida en los mercados y en los gobiernos. La cuadratura de la estafa se puede leer en un artículo de ambos publicado en El País: a pesar de que un alumno los ha puesto en videncia, ellos insisten, tanto que dicen que ‘el último follón académico’ no debería desviar la atención sobre su doctrina. Sin comentarios.

Otro ejemplo: la presidenta de Sareb, el llamado, no sin cierta sorna, banco malo, cobra en un mes, su primer mes, 32.916 euros. En total, los miembros del consejo de administración se abonaron 142.917 euros. Belén Romana es la presidenta del banco que debe asumir los conocidos activos tóxicos de otras entidades financieras según los planes del gobierno. Cuando haya cumplido un año en su cargo habrá ganado casi cuatrocientos mil euros, pero puede endosarse algunos más –hasta 500.000- porque así lo prevé la ley. ¿Mola, eh?

Hay que decir basta: en un lenguaje claro y contundente. Un basta sin arrogancia. Un basta humilde pero convencido

Es curioso que el FMI, la troika y el BCE asienten sus principios, según el mandato de Merkel, sobre datos tan pueriles que resulta que no casan ni las celdillas de un Excel. Rajoy, erre que erre, entregado a esa gente. No cabe duda de que la llamada de Rubalcaba a Rajoy para que ‘se deje ayudar’ es una de las razones que justifican que, según sabemos este fin de semana, sea el político peor valorado de entre todos los políticos que lo son y de los que lo quieren ser. Y eso que la encuesta es del periódico amigo. Triste, la verdad.

Me pregunto cómo se debe actuar. Y tengo mí respuesta, una entre tantas. Creo que hay que decir basta: en un lenguaje claro y contundente. Un basta sin arrogancia. Un basta humilde pero convencido. Un basta que devuelva la palabra a los ciudadanos que se sienten estafados no porque los parados sean de esta o de aquella herencia – que error, que inmenso error decir esa estupidez mientras la gente se retuerce de dolor, poniéndose al nivel de cualquier soguilla del gobierno -.  Hay que devolver la palabra para que los que hablan continuamente dejen de decir tonterías desde el gobierno, en el Congreso, el Senado, en esta autonomía, en la de al lado, o donde sea, me da igual.

Esto es insostenible no porque esté mal, que lo está, sino porque a la gente se le acaba el tiempo: la política real no son cifras sino personas que padecen las consecuencias de las decisiones. Me importan un pito, o dos, las primarias, en su casa o por ley para todos – de la nada a la nada, decía Miguel Hernández, y es el caso. Por elevación todo termina igual a como estaba – , me importa qué alternativa evidente, comprensible y asumible nos plantean los partidos para cambiar el rumbo de una situación que daña, del verbo dañar, a hombres, mujeres y niños. A débiles y fuertes, a grandes o pequeños. A todos los que no siguen atrapados en el espejismo de una sociedad que hace tiempo que se desmoronó y que necesita de otro modo de gobierno, de otro gobierno y de otros gobernantes. Los que sean que tengan que ser, pero que tengan un proyecto que, como decía, empiece por decir basta, y continué por defender los intereses de la inmensa mayoría. Esa que si existe y que cada vez tiene menos que ver con esta infamia.

Dos ejemplos, pero podría poner muchos más.

Rafa García-Rico – en Twitter @RafaGRico – Estrella Digital

Rafael García Rico

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