sábado, noviembre 26, 2022

La red siniestra de Hellín

Parece que no dejan de aparecer nuevos datos sobre las relaciones de Emilio Hellín. El asesino de Yolanda González, con las fuerzas de seguridad, sean éstas dependientes de unas u otras administraciones. Cuesta entender que, además, las averiguaciones que se hacen provengan siempre o de los medios de comunicación y la presión social o de los partidos de la oposición – como en el caso más reciente hecho público hoy en el ayuntamiento de Madrid -, pero no de oficio, por la actitud positiva de los responsables públicos de averiguar si fueron engañados y manipulados por el criminal o si hay algún nexo de interés entre los cuerpos de seguridad – así, en abstracto, de momento – y el asesino.

El crimen de Yolanda se repite porque la impunidad y el arrojo con el que se desenvuelve Hellín pone en evidencia nuestro sistema

Pero en cualquier caso, chirría con un ruido democrático, toda la información que vamos conociendo y que adherida a la historia terrible y deleznable del sujeto, pone en evidencia que tras todo esto hay algo más que un caso de supervivencia personal, más bien una red clientelar que se reproduce en un sistema transversal que sólo entiende de uniformes e intereses confusos. Sinceramente, son confusos, al menos para mí, pues me cuesta entender cómo es posible que haya sobrevivido una trama de protección y complicidad con este sujeto y cómo es posible que además se haya extendido con tanta versatilidad por la red administrativa española.

La sospechosa vinculación con ésta o aquella policía, local, nacional, autonómica, de diputación o qué sé yo, no es, ni puede ser el producto de una eficaz tarjeta de visita. Es imposible. Como imposible es que alguien pida un permiso carcelario después de haberse fugado, se escape del país, lo haga con documentación nueva para él y toda su familia y se vaya a residir a otro país donde trabaja para el estado: y que ese país sea una dictadura y los servicios contratados con el asesino tengan que ver con la seguridad. Los mismos servicios que ahora presta en España. Y esa compleja realidad es donde hay averiguar y dejar meridianamente claro el por qué de caada cosa.

Algunos pensarán que el tiempo transcurrido lo cura todo. Es cierto que han pasado muchos años: exactamente treinta y tres. Pero no es menos cierto que el asesinato de Yolanda González, la víctima de Hellín Moro, se repite una y otra vez, tantas como las ocasiones en que este asesino se ve beneficiado de una ayuda que surge de las entrañas del sistema.

El crimen se repite porque la impunidad y el arrojo con el que se desenvuelve Hellín pone en evidencia a nuestro sistema democrático, que no ha actuado como debiera contra él y, lo que es peor, que esa impunidad se torna dañina y cruel contra la familia, sus amigos y compañeros, cuya honesta tenacidad para mantener vivo el espíritu de lucha de Yolanda es el impulso que los mantiene alerta para impedir que una y otra vez este sujeto perpetre el crimen, el mismo crimen que el de aquella madrugada de febrero de 1980.

Rafa García-Rico – en Twitter @RafaGRico – Estrella Digital

Rafael García Rico

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