miércoles, noviembre 30, 2022

La respuesta Real

Nunca antes como ahora nos encontramos en un escenario de debilidad institucional tan grande. La imputación de la Infanta Cristina de Borbón no llega en un momento cualquiera, y la información que se traduce del hecho judicial equipara en la misma diana de desconfianza a todas las instituciones del estado. Lo peor, con todo, no es que entre nosotros estemos decepcionados de un sistema democrático que ha alimentado voraces devoradores de recursos públicos en beneficio público. Lo peor es la consecuencia terrible en la imagen
de España en el mundo, entre nuestros socios europeos, en la realidad de una política y una economía globalizadas.

Si la corrupción afecta a los políticos, estos se cambian, o al menos, se pueden cambiar. ¿Podemos cambiar la familia Real? No

El daño, el tremendo daño que sufrimos como país, ya está hecho. Porque la diferencia entre unas cosas y otras, los límites que hacen sostener la confianza en determinados poderes del estado que están, o deberían estar, alejados tanto de la contienda política como del interés económico espurio, se ha quebrado. El problema de Urdangarín y de la imputación a la Infanta Cristina es que ha puesto en entredicho, para una opinión pública lacerada por los recortes, castigada por la crisis e indignada por las informaciones que se conocen cada día sobre corrupción, la naturaleza misma de la jefatura del estado y su papel en la democracia española. Si la corrupción afecta a los políticos, estos se cambian, o al menos, se pueden cambiar. ¿Podemos cambiar la familia Real? No.

Las cuentas suizas del rey, las cacerías de África, los enredos y las declaraciones de Corinna, han dañado más a la institución que cualquier campaña republicana orquestada por los enemigos de la realeza. Así que ahora lo que hay que hacer es salir de la falsa sorpresa y actuar: responder
con inteligencia y con diligencia y cambiar las tornas de una situación que daña nuestras expectativas de futuro como país: la monarquía debe prestigiarse de nuevo y contribuir con un esfuerzo intenso a ayudar a resolver los problemas de España, no a participar de ellos. Mientras Rajoy anunciaba buenas nuevas para una España que las necesita como el sol de primavera que se resiste, la noticia de la imputación de la hija del Rey segaba cualquier transmisión positiva de valores de optimismo para el futuro: nos sumía aún más en las sombras de la confusión, el desorden y el pesimismo.

Es urgente, pues, que se resuelva este procedimiento de imputación – que no de condena – de la forma más ágil posible y que la Casa real rectifique estas conductas y que ponga distancia frente a este pasado y presente que se convierten en una carga pesada para todos los españoles. Ni más ni menos.

Editorial Estrella

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