miércoles, diciembre 7, 2022

Cristina, ahora dignidad

Por muy previsible que fuera, la imputación de la Infanta Cristina ha resultado ser una noticia impactante. Tan impactante como peculiar, a juicio de muchos juristas, el auto en el que el juez Castro fundamenta su decisión en el que hay más espacio para mostrar su perplejidad por las relaciones entre padre e hija que por documentar de manera precisa los hechos concretos que se le imputan. A tenor de la literalidad del auto, esta imputación se hubiera podido realizar hace un año, incluso más. Si algo ha sido obvio desde el minuto uno es que Iñaki Urdangarin es el marido de la Infanta Cristina. No obstante, y como toda decisión jurídica, son muchos los que creen que el auto esta bien fundamentado. En cualquier caso, el debate jurídico que lo resuelvan los juristas pero si se esta produciendo un fenómeno que nos debe hacer reflexionar. ¿Se hubiera pensado que la justicia es igual para todos si no hubiera mediado la imputación? Me temo que, según de quien se trate, la justicia solo es justa si satisface los apriorismos de cada cual.

La justicia solo es justa si satisface los apriorismos de cada cual

La Infanta Cristina, cuyo rostro se muestra avejentado y entristecido, tiene por delante días muy difíciles, tan difíciles como los ya sufridos y ante esta situación y a la espera de decisiones judiciales, lo que le toca, aunque le cueste, es mostrar un comportamiento digno en el sentido de no esconderse, seguir con su vida, como hizo ayer acudiendo a su trabajo y haciendo valer algo obvio: es inocente mientras no se demuestre lo contrario. Además -y aunque sea duro- debería tomar una decisión que conllevara la terapia suficiente para evitar males mayores. Nada ni nadie puede borrar que es hija del Rey, pero sí puede dar pasos atrás y renunciar de manera expresa a sus derechos sucesorios. Si, como todo parece indicar, al Rey no se le hizo caso cuando aconsejó tomar distancias de las ideas de Urdangarin, el Rey se merece un gesto elocuente, que quite lastre.

Dicho esto, el llamado asunto Urdangarin no hay por donde cogerlo. Es un escándalo de enorme magnitud que merece el máximo reproche social.

El daño causado a la Monarquía y al propio Rey es muy difícil de resarcir

El daño causado a la Monarquía y al propio Rey es muy difícil de resarcir. Nunca Urdangarin debería haberse metido «en negocios» y mucho menos en tratos con personas de probidad no contrastada. Ni él ni la Infanta debían temer nunca por no llegar a fin de mes. La irresponsabilidad, la frivolidad, la sensación de impunidad, el no tener conciencia de quién eres y lo que representas es lo que lleva, en la mayor parte de los casos, a iniciar caminos peligrosos imposibles de desandar salvo cuando te tropiezas de lleno con la justicia.

La hora de la justicia está llegando y aunque sería absurdo negar que es un asunto que perjudica muy seriamente a la Corona apuesto por no ir más allá de donde vaya la propia justicia y no se llegue a la conclusión, por ejemplo, de que para salir de dudas, que es lo que plantea el juez Castro en su auto de imputación -solo solicitada por Manos Limpias- el Rey tenga que abdicar. En mi opinión, no compartida por muchos, el Rey debe seguir siendo Rey porque de la misma manera que ha sido y es el mejor embajador de España, es también, aunque resulte paradójico, el mejor muro de contención para su heredero, el Príncipe Felipe.

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Charo Zarzalejos

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