martes, diciembre 6, 2022

Bendita paciencia de Tomás Gómez

El señor apartamento se pone digno y grita entre gallo de garganta y ático de pelea, digo gallito de pelea. Pelear le gusta, la cosa debe venir de algún pasado remoto: hay quien lleva en los genes las fechorías mimetizadas de los suyos, podría imitar, por ejemplo, al primer Ridruejo, cuando aquellos de la fina dialéctica de los puños y las pistolas, la pólvora y la sangre, y todo el run run de la farándula.

Usted gestiona mal, chincha rabiña

El señor viajes colombianos con bolsas presuntas se pone en pie y gallea. Galleaba el Gallo, en las Ventas, la Monumental; este no llega ni a media verónica ni a una chicuelina, porque se repite como Barrera, que era frío, sereno, estoico, y hacía el estatuario, toro va, toro viene, y una y dos y tres… y va y le dice al que tiene enfrente que salga a la calle si te atreves, ¿eh? Quítate la señoría que te doy un coscorrón, y luego acusan al Eusebio de sacar la lengua, es que están como de patio de colegio, pero de monjas.

El señor ático es un caso, la verdad. Un caso completo, un Vesubio sin templanza, una torrentera de ingenio que siempre se le agota cuando debe describir al adversario: usted gestiona mal, chincha rabiña; le espeta siempre entre melifluo y chusquero, lo que venía siendo, por cierto, un loro de repetición, que decía mi tía la de Oviedo. Así es el jefe de negociado, un poeta urbano, un artista de la dialéctica, un Sócrates un tanto pueril en medio de la escena, arropado por la cohorte impertérrita, zascandiles y palmeros, parecen más que otra cosa la Venta Vargas, una noche de guiris encebollados con finito y escuchando a Camarón. Palma arriba y palma abajo, viven un domingo de ramos infinito.

El señor espía que surgió del frío, no quiere que se publiquen fotos en los medios

El señor espía que surgió del frío, no quiere que se publiquen fotos en los medios. ¡Faltaría más! Don puerta del Sol debe haberle cogido el gusto al Callejón del Gato, y cuando se ve deforme le pasa como a la madrastra, que se enfada. Y claro, ya le enfada que vaya la peña del tambor a recordarles sus descabellos y recortes entre el público los jueves –en realidad les jode más que el público, el pueblo –cómo no le va a enfadar que haya periodistas, que se publiquen fotos, que se escriban artículos.

Al conmilitón de doña Doña, venido a más en el cargo, sin pasar por la caja electoral, también le molesta que haya jueces que pidan informes, y que los abogados no sirvan para proteger y tapar las fechorías, al menos los del la cosa pública. Este no les quita el sueldo a los de enfrente –como para hacerlo, con todas las barrigas que tiene que alimentar en su propio lado– pero si por él fuera ya iban a enterarse bien de lo que vale un peine.

Y le sale un gallito entre cursi y autoritario, una suerte de agudo modernista, florido y taimado, que vaya usted a saber las notas y arpegios que encierra en el trastero. Bendita paciencia, Tomás, bendita paciencia.

Rafa García-Rico – en Twitter @RafaGRico – Estrella Digital

Rafael García Rico

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