martes, diciembre 6, 2022

¿Sabemos?

Sabemos mejor que peor lo que ocurrió en la Argentina entre 1976 y 1983. Tenemos una idea clara de lo que pasó en España entre 1936 y 1939, primero, y también durante la dictadura que siguió a la guerra civil. Sabemos lo que ocurrió con el Chile de Allende y cómo quedó el país después del golpe de 1973 hasta finales de los ochenta, cuando la Concertación se hizo con el poder. Sabemos, es cierto que sabemos. Pero en muchos casos sabemos porque nuestra conciencia nos empuja hacia el conocimiento, no porque la sociedad tenga instrumentos para hacer efectiva la tarea de saber.

Los chilenos quieren evitar la duda, saber qué provocó la muerte de Neruda

En Argentina se investiga – y se juzga – lo que ocurrió en la Escuela de Mecánica de la Armada. En Chile se desentierra al poeta de Isla Negra para investigar en sus restos si los militares de Pinochet lo asesinaron con veneno. Sabemos que Pablo Neruda murió hace ya más de cuarenta años: y ellos, los chilenos, quieren evitar la duda, saber qué provocó su muerte además de la desdicha y el dolor por lo que pasaba en su país.

Es natural que los pueblos identifiquen a sus hombres y mujeres que han sido asesinados, que los busquen, que los amortajen y les den la sepultura que todo ser humano merece. Por eso no es extraño que en Argentina como en Uruguay se haya buscado con insistencia a los desaparecidos de sus regímenes crueles. El hermoso recital de Daniel Viglietti y Benedetti aún pone los pelos de punta: están en algún sitito, concertados, desconcertados… Los buscan. Buscan a sus hijos, buscan sus tragedias para hacer de ellas un bien que aflore nuevas verdades que liberen las cargas. Como la verdad de Neruda.

En España sabemos, es cierto. Y por eso no queremos que lo que sabemos nos obligue a responder a las preguntas. Más bien algunos no quieren. Otros enredaron con la tragedia de las cunetas y las tapias de los cementerios haciendo que todo se quedara en nada, como siempre, dejando a los que buscaban con un dolor doble. Así son las cosas en España.

Saber es un pecado mortal en esta patria envilecida

Hace tiempo que ya no nos sorprenden con sus vetustas maneras. Saber es un pecado mortal en esta patria envilecida. Querer saber dónde quedaron los cuerpos mutilados, acribillados en el solar polvoriento es un juego dialéctico en los pasillos del Congreso: al final, nada. Sabemos, es cierto. Y vemos con asombro cómo lejos de aquí es posible reivindicar la verdad de los crímenes sin apelar al torpe discurso de la ‘desmemoria conveniente’. Sabemos lo que pasó, si y con eso nos tenemos que conformar, no vaya a ser que sepamos demasiado.

Puede que al abrir el féretro de Neruda, encuentren entre sus huesos desgastados la España peregrina que llevaba en su corazón. Está más allí que en este patio envilecido con la herrumbre de nuestra tragedia inacabada.

Os voy a contar todo lo que me pasa… decía el poeta.

Rafa García-Rico – en Twitter @RafaGRico – Estrella Digital

Rafael García Rico

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