martes, diciembre 6, 2022

Cuando las Preferentes matan la esperanza de vivir

Hoy, a las dos de la tarde, se consumaba la gran estafa. Era el plazo marcado por el FROB para que los afectados por preferentes realizaran el canje voluntario o, de lo contrario, sería el organismo gubernamental el encargado de hacerlo. De una estafa mayúscula a una estafa superlativa.

Pensé que mi municipio se había librado porque no se oía nada. Pero explotó el drama y la angustia en el noventa por ciento de una población ganadera, mayor, con escaso nivel cultural y fe absoluta en su gestor de la Caja. Un cóctel nefasto.

A todos la misma explicación: el dinero estaría disponible cuando ellos lo necesitaran. Cuando lo necesitaron, no estaba.

Mis vecinos son ganaderos que consiguieron cada euro a base de privaciones

He visto pasar uno a uno por el ayuntamiento. Les he ayudado a rellenar papeles y les he explicado qué eran las preferentes y que perderían mucho dinero. Pase lo que pase, perderán. Poco puedo hacer como ayuntamiento, y bien que lo siento. Sólo estar ahí, como en las malas noticias intentando ser esa mano que sujete tanto dolor. No es fácil.

He visto lágrimas, indignación, tristeza, rabia. Lo he visto casi todo.

Mis vecinos son ganaderos que consiguieron cada euro a base de privaciones. De muchas privaciones. Su dinero está logrado a base de sudor y muchas lágrimas. De frío y humedad. De suciedad y animales. De una vida nómada de cabaña en cabaña atendiendo a los animales. De una austeridad que, hoy, es ‘austericidio’ por imperativo gubernamental.

Sabedores de que los cuerpos crujen ante tanto trabajo, ante esas cuestas infames para el cansancio y esas casas frías hasta el gélido desaliento, se procuraron un colchón de muelles para amortiguar la caída en lugar más amable donde, por fin, dejar de malvivir y empezar a sobrevivir. Hoy los muelles se esfumaron y sus vidas volvieron a caer en camas de paja rellenas de engaño.

Es una estafa, un vilipendio tal que probablemente cualquier adjetivo se queda corto para poder transmitir su sentimiento y el mío. Nadie les regaló nada pero hoy muchos les han quitado todo.

Más allá de cada protesta, hay un drama. Una historia. Antes de llegar hasta aquí, hubo quien murió. Otros, temen morir sabiéndose engañados.

Nadie les regaló nada pero hoy muchos les han quitado todo

Y, mientras, en una realidad paralela, sucia, aberrante y nauseabunda el gobierno habla de “generosidad en los canjes”. Generosas hasta la náusea son las indemnizaciones por hundir a los bancos que hoy han estafado a mis vecinos. Generosa es una forma de hacer política que premia las cacicadas de inútiles que no sabiendo hacer una “o” con un canuto cambiaron billetes de curso legal por otros del Monopoly haciendo perder dinero, vida y esperanza.

Es verdad que esto no es un corralito. Es un corral grande, muy grande, donde los cerdos emponzoñan todo atisbo de limpieza y de fresco aroma a igualdad, dignidad y justicia social. En el fondo del cenagal los derechos de quienes no tienen más armas que su trabajo pisoteados por quienes se sienten superiores porque se saben dueños del esfuerzo de una vida.

Han sido engañados, pero no se rendirán. Llevan reinventándose toda la vida. Pelearemos.

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