jueves, diciembre 8, 2022

Sin tregua

Empiezo a sospechar que no es tanto la velocidad que llevan las noticias si no que hemos dejado de pensar. Nos hemos quitado la costumbre de pensar como otros se han quitado el tabaco, y una vez que te haces el cuerpo todo lo que sea reflexión duele o se ignora. Mientras nos entretenemos con pequeñas cuestiones es posible que la vida pase delante de nuestras narices sin darnos cuenta. Lo sucedido en Chipre merece una profunda reflexión del modelo social pero no estamos en esas zarandajas porque siempre hemos despreciado por encima de nuestras posibilidades; entre lo de Chipre y el cuento de los tres cerditos hay peligrosas semejanzas. No toca pensar pero urge hacerlo en defensa propia, hay vida inteligente mas allá de la política de casquería a la que nos hemos acostumbrado y que consiste en tapar el hedor de Bárcenas con la peste negra de los ERE de Andalucía.

No hay una idea sólida que apunte un proyecto de futuro puesto que gobernar parece ir tapando agujeros aquí y en la China

Con esta frase: «durante todos estos años me he acostado temprano» arranca una de las mejores novelas del siglo XX. Proust quería dejar claro que el personaje tenía mucho que contar porque antes había reflexionado sobre su condición. Una vez que has leído a Proust sus frases pueden aparecer al coger una magdalena del paquete, (también pasa con Kafka, después de conocer «La Metamorfosis» cualquier cucaracha te parece un viajante camuflado de insecto). Proust se me ha vuelto a aparecer en una calle del sur; trataba de cruzar cuándo la procesión se puso delante con sus tambores y trompetas y ya me quedé allí para contemplar el desfile de nazarenos con túnicas recién planchadas, enganchado al olor del incienso mezclado con la primavera. Lo que mostraban aquellos tronos malagueños era una sucesión de estampas bíblicas encuadradas dentro de la pasión de un hombre que murió en la cruz para dejar un mensaje de amor universal. Dos mil años después seguimos sin entender nada: nos quedamos con el espectáculo antes de captar el mensaje, nos mueve mas la sangre que las ideas y así nos va.

La «borreguería» oficial no sale de la charca y se lanzan manojos de barro a la cara como en los grabados de Goya. No hay una idea sólida que apunte un proyecto de futuro puesto que gobernar parece ir tapando agujeros aquí y en la China. Hace falta altura de miras y generosidad a mansalva. La letra pequeña de la información habla de un país triste en el que hay mas soledades que proyectos. Estamos gobernados por gente que se acuesta tarde y hacen gala de su oscura condición. Nos han contagiado su «no pensar» y este mareo chungo que da el consumo de noticias contaminadas en cadena. Para gobernar hay que haber leído a Proust.

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Rafael Martínez Simancas

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