miércoles, noviembre 30, 2022

¿Dónde pagan las multinacionales?

Fue por los años 80 cuando comenzó el proceso de deslocalización con el traslado de grandes compañías a Asía en búsqueda de menores costes de producción.

Pero pese a que se trasladaban, sus mercados continuaban estando en occidente, y por tanto era ahí hacia donde dirigían y todavía dirigen sus productos.

Pero hoy en día, ya no se conforman con haberse llevado la producción a lugares remotos, habiendo dejado a los occidentales con el problema del desempleo, sino que además y desde hace algún tiempo, se dedican a, digamos, la búsqueda de una “optimización fiscal”.

La “optimización fiscal” consiste en “pasar” de las haciendas nacionales de cada país y tributar como quieren

La “optimización fiscal” consiste, en o bien directamente “pasar” de las haciendas nacionales de cada país y tributar como quieren y lo que quieren, sin atender a ley ni reclamación alguna, o bien en montar toda una serie de  operaciones y estratagemas por las que, pese a generar ingresos en nuestros país a diestro y siniestro, al final tributan realmente en otro país mucho más suave que el nuestro. Y mira que el nuestro en el impuesto sobre sociedades ya es suave. Ese país de tributación puede ser Irlanda, Luxemburgo, zona del Caribe, etc…

De ahí las reclamaciones que hemos oído de la Hacienda Española a la firma norteamericana Dell, o los problemas de Microsoft o Google en Europa, o de Starbucks en Reino Unido. Obtienen las rentas en unos lugares pero no es ahí en donde pagan los impuestos sobre lo que obtienen, sino que, sirviéndose de operaciones de ingeniería fiscal y legal, pasan a pagarlos donde más les conviene.

Y tanto es así, que llevado a la vida diaria, nos podemos encontrar con muchas sorpresas a la hora de realizar compras por internet, ahora que se está poniendo tan de moda. Aunque veamos que la página está en perfecto español, y que el banco al que estemos pagando está debajo de nuestra casa y a que todo parezca indicar que estamos  comprando a alguien ubicado en España, podemos encontrarnos con la sorpresa de estar comprando realmente en Bélgica, Francia, o cualquiera sabe dónde. No lo sabremos hasta ver la factura porque se ocupan  de mantenerlo, en alguna medida, un  tanto opaco.

Y por supuesto que eso tiene consecuencias fiscales importantes. Para empezar si somos consumidores finales, el IVA que estemos abonando será belga o francés o Dios sabe de dónde, es decir, que no se quedará en nuestro país. Y lo mismo sucederá con el resto de impuestos.

Y si está pensando que por ser usted empresario o profesional la parte del IVA no le va a afectar porque le tienen que emitir la factura sin la repercusión del mismo, que no se le olvide que tiene que figurar inscrito en el Censo de Operadores Intracomunitarios, que si no, le van a considerar consumidor final y su factura le llegará con IVA francés, belga o el que tenga a bien la compañía. Y, además, lo normal es que no le avisen.

Por todo ello, y dada, además, la situación calamitosa en que se encuentra nuestro país, creo que debemos esmerarnos en consumir productos “Made in Spain”, hechos aquí y por residentes en este humilde país y vendidos por empresas  de aquí.

Que tributen en España y que todo el valor añadido y toda la renta se quede aquí, que bastante mal estamos como para entregársela a los que se comportan como auténticos facinerosos, defraudándonos a todos.

José Luis Martín Miralles-Estrella Digital

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José Luis Martín Miralles

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