lunes, diciembre 5, 2022

Solo ante Rajoy

Hubo un británico lúcido que dijo aquello de «cuanto más conozco a mis amigos, más quiero a mis perros», y, de verdad, sin ningún ánimo de ofender, cuanto más conozco a los socialistas, más cariño me suscita Alfredo Pérez Rubalcaba.

Nunca me decepcionó. Hace años, cuando estaba en sus horas bajas, me dijo eso tan madrileño de «tenemos que comer juntos», y han pasado la última legislatura de Aznar, las dos legislaturas de Zapatero, lo que va de la legislatura de Mariano Rajoy, y todavía me tenso, al sonar el teléfono, por si es Alfredo que, trece años después, sin poder resistir tanta continencia, no puede aguantar los deseos y me llama para que comamos juntos.

Rubalcaba puede que sea el eslabón providencial que evite que el socialismo español vaya a la deriva

Muchos tontos contemporáneos han llegado a la errónea conclusión de que el problema del PSOE es Rubalcaba, cuando no sé si es la solución, pero puede que sea el eslabón providencial que evite que el socialismo español vaya a la deriva, e incluso neutralice un hundimiento semejante al que sufrió en Italia.

El problema no es Rubalcaba. El problema fue una sucesión generacional comandada por Zapatero, y en la que no solamente emergieron figuras perfectamente prescindibles, sino que se apresuraron a jubilar, muy anticipadamente, a personas relevantes, sensatas, inteligentes y capaces, y que llevaron al contenedor de vidrios, sin darse cuenta de que los envases estaban todavía bastante llenos.

Hace poco disfruté en Roma de la compañía amena y sabia de Francisco Vázquez, que fue uno de los mejores alcaldes que ha tenido La Coruña y un embajador excepcional en el Vaticano. Antes de ayer disfruté de la sensatez de un socialista como Juan Alberto Belloch, alcalde de la ciudad más importante de España gobernada por el PSOE.

A su lado hay una cantidad de chiquilicuatres tan abrumadora que uno piensa que no hay tanto banquillo en el PSOE.

Rubalcaba puede ser el hombre que no desperdicie a los gerontes lúcidos y que regenere el relevo de una manera tranquila. Es el único que lo puede hacer, y el único que tiene mando en plaza para llevarlo a cabo. Y, además, cuando lo haga, podíamos ir a comer. Invita el periodista.

Luis del Val

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