jueves, diciembre 1, 2022

Cataluña Crest

Los casos de espionaje en Cataluña revelan dos cosas indiscutibles: que la sociedad de postín catalán come en el mismo restaurante y que la sociedad política siente una extraordinaria curiosidad por sus semejantes. Si no fuera un drama de proporciones escandalosas, tendría hasta gracia.

Cinismo y sinvergonzonería en la lista de Metodo3 pero también en la suculenta bolsa de los Pujol

Pero no la tiene. Se nos antoja un futuro inmediata de goteo de revelaciones que irán inculpando a toda suerte de responsables públicos y, lo que es peor, se irá desgranando de forma interesada según quién disponga de este o aquel dato, la amarga intrahistoria de un modelo político, social y económico que hace aguas por un agujero por el que, además, hay un ojo atento observando.

El caso da para hacer literatura, no cabe duda. Pero es ocioso insistir en la gravedad de tales hechos vinculados a una única forma de aparición recurrente en el día a día de una comunidad aquejada por múltiples conflictos y otros muchos escándalos: la inmensa fortuna de la familia Pujol, que ha amasado bienes terrenales muy por encima de realidades imaginarias como las de las insólitas familias de Falcon Crest o la Edwin de Dallas, al mismo tiempo que su espiritualidad patriótica llamaba al sentimiento nacional, al curso singular de la historia hacia un estado propio.

Cinismo y sinvergonzonería en la lista de Metodo3 pero también en la suculenta bolsa de los Pujol. Todo huele a podrido en Cataluña. Todo; y ya sabemos todos de lo que hablamos.

Editorial Estrella

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