domingo, diciembre 4, 2022

Una de autoestima

No tengo idea sobre si recuerdan a un presidente del gobierno que hubo en España hasta finales del 2011. No se lo puedo citar pues no me acuerdo muy bien como se llamaba y tampoco me manejo lo suficiente con el ordenador para consultarlo ahora mismo en Wilkipedia.

Se enfrentó a la mayor potencia emergente que conoce y conocerá el Siglo XXI: nosotros, los pensionistas

El caso es que este hombre, que tenía sus cosas buenas y otras regulares, como todos, creyó tocar el cielo, ya que frecuentaba a Obama y Sarkozy que en su época eran «lo más de lo más» e incluso insistía en entrar en una selecta discoteca llamada G-10, aunque en días laborables aceptaba ir al G-20, así como ambicionaba crear su propio club con el título de Alianza de las Civilizaciones. Tanto fuego artificial y fatuidad le llevó a olvidarse de lo fundamental y finalmente, cayó en el fracaso y el olvido, ya que se enfrentó a la mayor potencia emergente que conoce y conocerá el Siglo XXI: nosotros; los pensionistas.

Cuando este incauto, ingenuo, imprudente y desinformado hombre decidió congelar las pensiones en el 2010, firmó su sentencia de muerte política. No duró ni un año. Sus partidarios ahora reniegan de él. En las pasadas Navidades supongo que no ha recibido una mísera felicitación y su partido político vaga desorientado, por lo que cabe aplicarles aquello tan conocido de «Llorad como mujeres lo que no supisteis defender como hombres» o algo parecido, que puede también extenderse a distintas ministras que no supieron llorar como hombres.

Como se dice ahora: «Esto es lo que hay». El que no quiera verlo así, es que no tiene idea de las corrientes ocultas que dominan el mundo. Porque «haberlas, haylas». Nosotros, sin ir más lejos.

Somos muchos y conocemos nuestra fuerza silenciosa pero firme en unas elecciones

Lo nuestro no va de farol. Es una realidad fraguada en pocos pero decisivos años. Somos muchos y conocemos nuestra fuerza silenciosa pero firme en unas elecciones. Lo hemos asumido y además contamos con la solidaridad europea de nuestra generación. Solo así se entienden las declaraciones del actual presidente, al cual sus amiguetes europeos le han dejado en la estacada, cuando afirma que la decisión sobre las pensiones de este año ha sido solo suya y que no le gustó hacerlo. Es la típica autoacusación (casi una inmolación) obligada por sus nuevos amigos y amigas como la señora alemana esta, que tiene unas elecciones a la vista y conoce la repercusión que tendría entre los jubilados de su país si comprobasen que ha intervenido a la baja en España.

Así que los actuales gobernantes ya saben cómo nos las gastamos. Tienen por delante un plazo para que recuperemos el valor adquisitivo de nuestras pensiones. Es algo que nos deben. Esto va muy en serio. Lo queremos con efectos retroactivos e intereses por demora. Aunque esto último puede ser negociable. En otro caso les espera la derrota y como dicen ellos: el abismo.

Lo peor es que cuando ese dichoso abismo se abra bajo sus pies, les diremos, con una sonrisa y cierta sorna: Pobrecillos… han querido gobernar por encima de sus posibilidades.

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Paco Fochs

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