jueves, diciembre 1, 2022

Corinna

De poco sirven los lavados de cara y las operaciones de imagen. Vivimos en un tiempo en el que la información fluye con rapidez y se encuentra, prácticamente al alcance de todo el mundo. La mediación que filtra y reduce el alcance y la presentación de algunos acontecimientos ha sido sobrepasada por la versatilidad que ofrece la red y por el periodismo ágil que Internet facilita sin silencios interesados. Del resto se encargan las redes sociales que actúan como multiplicadoras eficaces de cualquier suceso.

Una entrevista en televisión ya no es suficiente para cambiar un estado de opinión, y menos aún un juego de estética en la presentación de un discurso. Para cambiar la impresión de una opinión pública alarmada por los tejemanejes de los entornos del Rey lo que hay que hacer es responder con tanta contundencia como transparencia.

Corinna participó en la llamada Valencia Summit de 2004, uno de los eventos de la trama

Malversación, prevaricación, falsedad documental y fraude a la administración, son los delitos que se manejan en las vísperas del juicio que pronto se abrirá a Urdangarín y su socio, Diego Torres. ESTRELLA DIGITAL ha publicado que por la zona de confort en la que se movían con soltura estos ‘empresarios’ también paseaba Corinna Sayn Witgenstein, la aristócrata, amiga íntima del Rey, a quien acompañó en su ya célebre cacería de Botswana, y que participó en la llamada Valencia Summit de 2004, uno de los eventos de la trama.

La monarquía es una institución que ha contribuido como ninguna otra al restablecimiento de un clima de convivencia en una España dividida tras la muerte del dictador. La contribución de Don Juan Carlos ha sido decisiva para la reconciliación y la normalidad democrática de la que solía hablar Adolfo Suarez.

Pero los tiempos han cambiado y es preciso que la institución se adapte y no precisamente con gestos simbólicos como los que han realizado los últimos días sino con actos reales, y Reales, que depuren la naturaleza perversa de los intereses espurios surgidos a la sombra de la Institución y que devuelvan su carácter prestigiado a una sociedad que busca en ella, además del arbitraje y el simbolismo del que habla la Constitución, también la referencia ética que desde luego la llamada clase política no ofrece a los ciudadanos. Esa referencia ética y moral es más que un bien estético, es una necesidad que España precisa en estos momentos de dificultad e incertidumbre.

Editorial Estrella

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