martes, febrero 7, 2023

Teresa (Parte 2)

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Esta mañana de martes, es tan hermosa como la de ayer, un día más en mi rutina de higiene y alimentación, en cuanto a la ropa que hoy me voy a poner estoy en duda, no quiero repetir la misma que me puse ayer, ojalá que este clima dure toda la semana, estoy deseando que sean las once de la mañana para ver a Teresa. Mi imaginación se recrea en situaciones y estados imaginarios con Teresa, me excita solo pensar en verla.

Son las once y media de la mañana, ya estoy en el parque de la Pérgola, el sitio que ocupamos ayer está libre, me emociono al recordar sus muslos blancos y ropa interior, miro el reloj, el tiempo parece que no pasa, ya son las doce, Teresa sin venir.

Mi cerebro no para de repetir esta frase (Teresa no me falles ven por favor) la frase se repite machaconamente en mi cerebro. Pasan unos vecinos, me saludan y me preguntan.

– Salva qué haces aquí.

Qué les importa a éstos lo que yo hago aquí, acaso yo les he preguntado a dónde van.

– Pues estoy aprovechando la mañana que hace, pronto estaremos en invierno y cada rayo de sol y buen tiempo se debe de aprovechar.

– Tienes razón Salva, qué tal tu mujer, no está contigo.

– No, ella esta trabajando, la veré mañana.

– Pues nosotros vamos a donde nuestra hija, vamos a ver a los nietos.

– Aprovechad el tiempo disfrutar de los nietos que ahora salen de la escuela.

– Si nos vamos para verlos.

– Agur.

Los que vivimos en pueblos o en barrios tenemos que soportar a la gente que se aburre de sus asuntos tan monótonos y aburridos, tienen que distraerse con los asuntos ajenos, ya me estaba asustado, pensaba que se iban a sentar en mi banco, ademas a mí que me importa su vida.

Veo a lo lejos que viene corriendo Zuri, mi cara ha cambiado, ahora estoy pletórico, rebosante de alegría, cómo me alegra ver a este animal. Un poco más separada viene Teresa, hoy viene vestida con un pantalón vaquero ajustado, una blusa azul clarito, y trae una chaquetita blanca en la mano, el pelo lo trae recogido en un pequeño moño dejando el cuello despejado. Viene con una sonrisa, parece que como yo se alegra de verme.

Cuando llega a mi altura, la miro, le sonrió y ella me devuelve la sonrisa, todavía mas amplia que la mía.

 – Egun on.

 – Egun on, Salva.

– Estás preciosa, hoy más que ayer.

– Salva, vas hacer que me ponga roja.

– Ya somos mayorcitos para ponernos rojos por unas afirmaciones.

– Salva, a mí hace tiempo que no me dicen estas cosas.

– Porque estamos en Bermeo, aquí no está bien visto que la gente se dé dos besos para saludarse, si estuvieramos en la capital te habría dicho, Egun on y te habría dado dos besos en las mejillas.

– Dámelos.

– Sin vacilar me acerco y rozo mis labios con sus mejillas, aprecio que el perfume es de una fragancia fresca y floral.

– Tere, qué bien hueles, es una fragancia muy floral.

– Este perfume es de Carolina Herrera

– Teresa ¿por qué no nos sentamos?

– Tienes razón vamos a estar mejor

– ¿Tere, qué tal el día de ayer?

– Mi vida es aburrida, a partir de que entramos la perra y yo en casa empieza la monotonía, mi marido y mis hijos solo hablan de fútbol, la tele es solo para ellos y poco más. Veo la tele, saco la perra, preparo la cena, rutina, aburrida rutina, ¿tú que hiciste ayer?

– Ayer después de haber estado hablando contigo, tendría que haber escrito un par de cartas comerciales, pero cambié de opinión y en vez de escribir les llamé a los clientes, uno de ellos me ofreció bajar a Bilbao para comer con él, no me lo pensé dos veces.

– ¡Has estado comiendo en Bilbao! ¿En qué restaurante?

– En un italiano, se llama Hortaria Marchese del Porto, el dueño es amigo mió, casualidad que también es amigo de mi cliente, terminamos de comer sin prisas a las tres de la tarde, Remigio, que es como se llama el dueño del restaurante, se sentó en nuestra mesa con nosotros, yo me tomé un güisqui, hablando y haciendo unas risas, salí yo solo del restaurante a las seis de la tarde, lo que más me gusta de las comidas y las cenas, son las sobremesas, después de salir me fui a pasear por Bilbao hasta las siete, para poder coger el autobús de vuelta a Bermeo.

–  Qué envidia me das Salva.

– No puedo quejarme, la existencia mía no es mala.

Cuando miro a Teresa, en sus ojos negros como la noche, hay un brillo de unas lágrimas eternas, el semblante es triste y melancólico, cómo me atrae esta mujer, qué falta de vivir tiene Teresa, la blusa que lleva es de una tela ligera, se aprecia un sujetador de un azul más oscuro que la blusa, el escote deja al descubierto un canal sugerente, que deja a la vista el principio de unos pechos grandes los de una majar madura, blancos sin el exceso ni marcas de haber tomado el sol en exceso.

– Salva, es la una y media, tengo que irme, la hora y media que estoy aquí contigo se me pasa volando, vas a venir mañana.

– Pues claro que voy a venir, te he visto el lunes, hoy martes, estoy deseando que sea mañana, miércoles, para volver a verte.

– Salva no me digas esas cosas, me ponen nerviosa.

– Mañana nos vemos a esta misma hora, me cuesta despedirme, te puedo dar dos besos de despedida.

– Claro que puedes, mañana si quieres, ven antes. Voy a hacer lo posible por venir yo también antes.

Le doy dos besos uno en cada mejilla, aprovecho para agarrarla de la cintura, ella me ha facilitado y presentado las mejillas para que le de los dos besos, llama a Zuri, amarra a la perra y se aleja con el paso un poco mas apurado que ayer.

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El Rincón Oscuro

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