domingo, diciembre 4, 2022

Santiago

El fallecimiento de Santiago Carrillo ha traído consigo una revisión de su larga vida política, y en esa revisión se han «retratado» sus amigos y sus adversarios. Y ¡cómo no! la tragedia de Paracuellos ha vuelto aflorar entre los recuerdos. Ese fue siempre el talón de Aquiles de Carrillo, lo que ensombrecía el resto de su biografía.

En cualquier caso, sus adversarios deberían de aceptar que es imposible reducir a un personaje tan impresionante y poliédrico como Carrillo a un solo acontecimiento por doloroso que este fuera. Yo, desde luego, me quedo con el mejor Carrillo, el de la reconciliación, el que ya en los años cincuenta apostó por esa reconciliación como única vía para que nuestro país se volviera a reencontrar a sí mismo.

Por eso, quienes estuvimos allí sabemos que sin Carrillo no habría sido posible la Transición. Porque no olvidemos que entonces el PCE era «el Partido», y que los militantes del «Partido» eran quienes, mayoritariamente, habían luchado contra el franquismo jugándose la vida. De manera que en la Transición si «el Partido» no hubiera dado legitimidad al proceso las cosas habrían sido distintas y más difíciles. Y «el Partido» era Santiago Carrillo como secretario general, que actuando con un enorme pragmatismo llevó a la practica sus convicciones en torno a la reconciliación haciendo posible que la Transición saliera adelante. Y aunque a algunos les pueda gustar más y a otros menos lo cierto es que Carrillo fue el artífice imprescindible de la Transición.

El Rey don Juan Carlos lo sabe, por eso acudió a casa de Carrillo a dar el pésame a la familia y a recordar alto y claro lo que todos sabemos: que don Santiago fue un hombre clave en la Transición. A Carrillo no se le puede entender y mucho menos juzgar políticamente si no es en el contexto histórico en que le tocó vivir. Hubo muchos Carrillos resumidos en uno solo, en el del hombre pragmático sí, pero comprometido con unos ideales que mantuvo hasta el último día.

Santiago Carrillo se fue reinventando a sí mismo de manera que aunque terminó fuera de las filas del PCE él continuó siendo un referente para la izquierda española. Sus libros, sus artículos, sus intervenciones públicas daban fe de un hombre que no se había rendido. Con 97 años ha encontrado la muerte plácidamente mientras dormía. Allá donde esté que descanse en paz.

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Julia Navarro

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