martes, febrero 7, 2023

Cortina de humo nacionalista

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En pleno corazón de la profunda crisis que atravesamos y en mitad de las políticas de ajuste y recortes que delimitarán en un nuevo plano las líneas rojas del estado de bienestar, se extiende sobre la escena política una gran y densa cortina de humo.

Los artífices son los de siempre: los nacionalistas catalanes, que buscan con el señuelo del independentismo, distraer a la opinión pública del debate que la lógica política y los responsables de las instituciones europeas han señalado: la contención del gasto público, el establecimiento de límites y controles al endeudamiento y la racionalidad en la prestación de servicios.

El nacionalismo del gobierno catalán y de otros nacionalistas en la oposición, converge en la demanda de un nuevo «pacto fiscal», que dé la vuelta a la relación economica de la autonomía catalana con el conjunto del Estado. Por eso han salido a la calle en multitudinaria manifestación, porque es cómodo hacer creer que los ajustes necesarios son el producto de un trato discriminatorio hacia Catalunya.

No hay nada nuevo en todo esto. Salvo la escasa sensibilidad de Mas y la falta de oportunidad de este clásico de las relaciones institucionales. No parece que sea de sentido común, con los problemas de confianza que genera nuestro país, que se produzcan estos aspavientos independentistas que tan poco ayudan a la cuestion de fondo: salir del agujero de la crisis con el menor coste social posible.

Sorprende, en este sentido, ver en armonía y complicidad a los dirigentes de CiU con otros izquierdistas que ahora ignoran, bajo la estupida farsa de la exigencia nacional, que esos que convocan a la defensa de la patria cierran hospitales, congelan sueldos, reducen servicios y ahogan las prestaciones sociales con mucho más impetu que el PP. Por no recordar que en esta habitual ceremonia de confusión y travestismo, sólo unas horas despues de la gran fanfarria nacionalista, el grupo catalán y el vasco, apoyaban al gobierno del PP  en la quinta reforma del sistema financieroi.

Ayer, Rubalcaba negó la mayor de un apoyo a estas iniciativas secesionistas. Pero seguramente sus electores se sentirían mas cómodos en un claro y explícito conflicto de bloques ideológicos, más que en este contexto folclórico de patrioterismo populista, provinciano y manipulador. La contundencia de Rubalcaba sea bienvenida y que sus compañeros socialistas catalanes tomen nota de ella.

El posionamiento de los nacionalistas con su insoportable juego, no debería encontrar complicidad alguna en la izquierda española y menos aún en la derecha, que debería ser menos posibilista y fijar con exigencia y rotundidad el límite de este cansino juego político, sin caer en tentaciones de conveniencia parlamentaria o electoral.


Editorial Estrella

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