miércoles, diciembre 7, 2022

El espectáculo de Eurovegas

En Belle de Jour, Buñuel crea un personaje inquietante: un oriental acompañado siempre de una cajita cuyo contenido que emite un zumbido se oculta siempre a los ojos del espectador. ¿Qué había en la caja? Buñuel no quiso desvelar el misterio y dejó libertad a la controversia. Un guiño del surrealista.

Berlanga imaginó la llegada de los americanos y los enormes beneficios que traerían. Los vecinos de Villar del Río soñaban con su interpretación de los bienes que venían con la bandera de las barras y estrellas.

Eurovegas se mueve entre el misterio del oriental y la vana esperanza de un aluvión de riquezas y prosperidad para un pueblo deprimido, siguiendo la estela del cineasta valenciano. Pero la realidad se enfoca más hacia Fernán Gómez y su Viaje a ninguna parte, en el que unos cómicos recorrían los pueblos del interior de la España de posguerra. Esa es nuestra mayor aproximación al sueño americano, ese que se oculta tras la pomposa insistencia del señor Adelson de ocultar su decisión de instalar en nuestro país un supermercado de casinos y hoteles.

La prensa americana de más relevancia nos desvela quién es el personaje que oculta su decisión – Catalunya o Madrid- en su particular cajita y viaja como un coro de cómicos de allá para acá fraguando su decisión última, mientras los españoles de la crisis y el paro soñamos con nuevas y opulentas prosperidades surgidas de un nuevo modelo de desarrollo similar al de Nevada.

Si no fuera por la terrible situación que vivimos, la angustiosa perspectiva de un rescate sin definir del todo, los datos macroeconómicos, los anuncios de ajustes y subidas de impuestos y reducción de beneficios sociales, esta historia sería un vulgar devaneo de un posible, quién lo sabe, tahúr y un país lleno de resignación ante su futuro y una fatua esperanza en que este venga de la mano de un mesías de cartón piedra.

El problema es que las instituciones se han entregado al juego del sujeto y tratan de asomarse al contenido de la cajita sin importarles ni la pérdida de pudor ni la poca credibilidad del discurso que nos ofrecen sobre las múltiples ventajas que esta nueva modalidad del pelotazo puede aportar a nuestro precario futuro.

La última ocurrencia es la de retrasar hasta septiembre la decisión final. Esperamos que, en consecuencia, no nos mantengamos expectantes hasta ese momento y desde hoy mismo anunciemos nuestra digna renuncia al juego del jugador. Eso aportaría mucha dignidad en estos tiempos en los que todos nos señalan con el dedo. Para que el final no sea ni surrealista ni berlanguiano, y se vaya, por fin, a ninguna parte. Y esta historia se quede tan sólo en un mal tráiler de ficción.

Editorial Estrella

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