martes, diciembre 6, 2022

Otra vez España en blanco y negro

La entrada en la Unión Europea, en 1986, nos permitió acceder a una vida en technicolor; hasta la policía del franquismo tenía aquellos tediosos colores grises… Todo se llenó de luz y de esperanza. Con grandes sacrificios les españoles pudieron progresar. Pensaron que nada podría cambiar ese desarrollo y que sus hijos vivirían mejor que ellos y mucho mejor que sus padres.

España se modernizó a velocidad de vértigo. La democracia se consolidó. Las amenazas golpistas se convirtieron en pesadillas del pasado. Pero no todos los progresos aparentes fueron positivos. Las constructoras y los bancos, sumergidos en sustanciosas obras públicas con fondos de la Unión Europea, pusieron en marcha unas maquinarias que no han podido parar.

La burbuja inmobiliaria dirigió el desarrollo económico a una excesiva dependencia del ladrillo. Durante un tiempo funcionó. Las constructoras se hicieron tan potentes como para dominar el sector energético, el fútbol de la «Liga de las estrellas» y mantuvieron obra pública innecesaria como un factor de su expansión internacional. Y de enormes dosis de corrupción que explican por sí misma las construcciones suntuosas e innecesarias puestas en marcha por las instituciones. Mano de obra sin cualificar, ausencia de Investigación y Desarrollo y dominio de una economía financiera rentable por encima de la economía productiva. Ricos de ladrillo y de crédito.

En la explosión incontrolada de nuestro modelo económico, el pasado día 10 de febrero se produjo un hecho que tendrá consecuencias. La aprobación en Consejo de Ministros de la reforma laboral.

En los próximos meses se van a producir decenas, tal vez centenares, de miles de despidos, mucho más baratos para los empresarios. Muchas personas de alrededor de cincuenta años serán puestas en la calle sin control judicial con menos dinero para resistir la jubilación porque nunca encontrarán trabajo.

Muchos jóvenes tendrán contratos miserables en condiciones precarias. No podrán diseñar su futuro sino desde condiciones económicas y laborales mucho más dura. Los empresarios dispondrán de la posibilidad de salirse de los convenios colectivos. La capacidad de negociación estará coartada. El retroceso de los derechos de los trabajadores tomará dimensiones históricas.

Quienes tengan empuje y preparación cogerán el camino del exilio económico. Sin control del estado, las empresas podrán despedir con veinte días de sueldo por año con un máximo de 24 meses.

España vuelve a proyectar su vida en blanco y negro para todos excepto para los poderosos. Francisco Luzón (Banco de Santander) se ha jubilado con veinte mil millones de las antiguas pesetas. Los altos ejecutivos de la banca y las multinacionales, que se enriquecieron con la burbuja española, no se verán concernidos por la reforma laboral. En todo caso les favorece a ellos y a sus intereses. Ellos seguirán viviendo en technicolor y con una pantalla cada vez más grande. ¿De verdad piensan que la sociedad va a soportar en silencio estas obscenas desigualdades?

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Carlos Carnicero

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