martes, noviembre 29, 2022

El fin de una RTVE líder

RTVE no tiene margen. Ha sido el mensaje del Consejo de Administración de la Corporación RTVE, descabezada y con presidente rotatorio, a la vicetodo Soraya Sáenz de Santamaría. Los consejeros piden recuperar el IVA (120 millones) o excluir los costes de las olimpíadas de Londres 2012 (70 millones) de las cuentas de la televisión estatal para poder asumir el marianazo de 200 millones a su presupuesto (de 1.200 a 1.000). El coste del apretón presupuestario es la pérdida del liderazgo de audiencia, que con un 14,5% a diciembre de 2011, mantiene durante tres años consecutivos frente a sus competidores privados. Pero el gobierno no parece preocupado por perder el liderazgo público para favorecer el privado.

Los consejeros defienden las obligaciones del servicio público para mantener una RTVE grande y fuerte. Entre las medidas barajadas para ajustar su presupuesto figuran rebajas de sueldos de sus estrellas y un recorte de su estructura directiva. 

RTVE tiene más margen. Reducir la producción externa y ajustar sus costes de producción propia son los primeros, además del cierre de algunos servicios y canales con un cambio de sus obligaciones legales. Otras voces abogan por una reducción del personal contratado, lo que obligaría a aumentar la productividad de la plantilla.

Al gobierno no le importa que Telecinco o Antena 3 superen en audiencia a TVE. Tampoco debería ser una preocupación para los televidentes. Mejor una televisión de calidad y servicio público más pequeña que sostener una estructura que cuesta el doble que sus competidores privados.

Junto al recorte de 200 millones a RTVE el ejecutivo ha planteado la gestión privada de las televisiones autonómicas y el aumento de la producción externa de programas de servicio público. Por ahora la producción privada no ha sido la panacea de ninguna televisión pública, que ya externalizan muchos programas o la gestión comercial, como ocurre en la mayoría de autonómicas.

Es hora de repensar el mapa de la televisión pública. La televisión estatal y las autonómicas prestarían un mejor servicio si colaboraran más en lugar de competir y se apoyaran en recursos, programas y frecuencias. Si lo que importa es el servicio público, entonces vale la pena mejorarlo con una gestión y objetivos descentralizados pero más cooperación e integración, como en otros países.

Otra cosa es si el desmantelamiento de la televisión pública oculta un plan a favor de las cadenas y las productoras privadas.

A gobiernos y cadenas les ha llegado el turno de ser sinceros con la televisión y los ciudadanos.

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Juan Varela

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