martes, diciembre 6, 2022

Un pendenciero en el Atlético de Madrid

Corren malos tiempos para la lírica, como cantaba en los 80 el grupo liderado por Germán Coppini, Golpes Bajos. En efecto, corren malos tiempos para la lírica y “pa tó”, según expresión popular muy extendida en Castilla-La Mancha.

Ya en un plano casi pasional, corren también malas épocas para el fútbol en general y para el Atlético de Madrid en particular, que sigue siendo “El Pupas”. Más allá del tópico, los últimos acontecimientos retratan desnudo a un club que fue grande y que, gracias a los Gil y Cerezo, sigue siendo un sainete. En esta línea de despropósito nos devuelven al “Cholo” Simeone, un jugador que, sí, fue bueno, pero que en España empañó su carrera por su marrullería, empleando una palabra suave.

Lo más sonado por su suciedad ocurrió en un partido disputado el 8 de Diciembre de 1996 contra el Athletic de Bilbao y en el que, el hoy flamante entrenador colchonero, Diego Pablo Simeone, el “Cholo”, clavaba los tacos de su bota derecha en el muslo de Julen Guerrero. Uno de los mayores atentados vistos en un campo de fútbol contra un compañero. Así era Simeone.

Y casi peor eran, y siguen siendo, los árbitros. En aquel partido el colegiado Barrenechea Montero, de lo más incapaz que ha pisado un campo de fútbol español, ni siquiera expulsó al “Cholo”. Días después, el jugador fue sancionado de oficio por el Comité de Competición de la Federación Española con tres partidos de suspensión.

Y para que se entienda la catadura del personaje, apenas un año después de aquello, en un partido de Copa contra el Barcelona, el defensa Fernando Couto –otra alhaja- le castigó con una entrada muy parecida pisándole la rodilla y también con el resultado de varios puntos de sutura y la escandalera mediática en los deportivos de Madrid. El argentino, en un ejercicio de soberana hipocresía, no tuvo pudor en tirar de tópicos y decir que «lo que pasa en la cancha se queda en la cancha».

Simeone no olvidó y casi dos años después, ya en Italia y fuera del Atlético, le devolvió el pisotón al portugués.

Y por añadidura, tan agresivo era en su juego como barriobajero en su discurso que, para el caso, es lo mismo.

Eso es lo que han traído al Atlético de Madrid. Por no hablar de su plano currículum como entrenador en Argentina.

Muy contento no estará Caminero, con quien también compartió vestuario.

Quebrantahuesos

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