domingo, febrero 5, 2023

El garrafón de la Cámara Republicana

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El presidente de la Cámara John Boehner hizo una encendida réplica cuando fue preguntado hace poco si la oposición de su partido a las bajadas de los impuestos a la clase media se exponía a dejar a los Republicanos como los lacayos de los ricos.

«Yo tengo 11 hermanos y hermanas repartidos por cada escalafón de la pirámide económica, ¿de acuerdo?» decía Boehner. «Mi padre regentaba un bar. Sé lo que está pasando en América».

¿Entonces Boehner toma el pulso a América porque su padre fallecido era propietario de un local? ¿Qué garrafón se está sirviendo en el gabinete del presidente en la Cámara?

Cualquiera que sea el consejo que Earl Boehner ha estado dando a su hijo desde la tumba, no parece estar funcionando. El lunes, el hijo del hostelero se alineaba con los conservadores de la Cámara en oposición a un plan ampliamente bipartidista de ampliar una rebaja en las retenciones de las nóminas de 160 millones de estadounidenses.

Esta nueva postura, invirtiendo esencialmente la manifestada por Boehner tres días antes apenas, pone de nuevo en evidencia que el presidente legislativo de la vieja escuela no es tan líder de su representación como sirviente de sus parlamentarios radicales. A lo mejor sería más preciso decir que es su tabernero.

En tres ocasiones en rueda de prensa el pasado viernes, Boehner era preguntado si apoyaría una ampliación de dos meses en la rebaja de las retenciones, como planeaban Demócratas y Republicanos en el Senado. En tres ocasiones Boehner se negó a mencionar públicamente algún reparo a la ampliación de dos meses (puso reparos a una parte distinta del acuerdo, la relativa a un oleoducto, que los senadores alteraron posteriormente a su gusto).

«Acabo de responderle. No puedo ser más claro», decía Boehner negándose a afrontar la pregunta de la ampliación de los dos meses.

Y así los senadores aprobaban la ampliación, por 89 a 10 votos. Los héroes del movimiento de protesta fiscal Pat Toomey y Marco Rubio votaron a favor del compromiso. El recortador presupuestario más feroz de todos ellos, el Senador Tom Coburn, votó a favor de ello. Leones Republicanos como John Cornyn, Jon Kyl o Mitch McConnell votaron a favor. Tan sólo siete Republicanos votaban «no».

McConnell, el líder Republicano en el Senado que negoció el compromiso, tuvo a Boehner informado de cada paso — y tenía la suficiente confianza en el consentimiento de Boehner como para que su gabinete remitiera un escrito que afirma que no habría más trámite legislativo en el Senado hasta las dos de la tarde del 23 de enero. Pero los legisladores de Boehner — los advenedizos del movimiento fiscal en particular — pensaban de otra forma y, en una videoconferencia el sábado, dejaban claro a Boehner que iba a tener que abandonar el compromiso.

Los congresistas Republicanos advenedizos se han embriagado de poder un poco, y el congresista Republicano de Arkansas en primera legislatura Steve Womack presumía el lunes en rueda de prensa que su grupo parlamentario «está actuando ya más como grupo de novatos que unos universitarios de primer año». En realidad, su actuación es más propia de un novato, pero vienen haciendo una serie de desplantes a Boehner, sobre todo la revuelta de julio que obligó al presidente de la Cámara a retirar del pleno su plan de control de la deuda. Si Boehner necesita más pruebas de que se ha quedado desfasado dentro de su formación, puede reflexionar acerca de la aparición en campaña presidencial de Newt Gingrich, el caballero al que Boehner trataba de deponer de la presidencia de la Cámara en 1997 perdiendo en el proceso su puesto de secretario de la representación parlamentaria.

El lunes, Boehner tuvo la desagradable tarea de comparecer ante las cámaras para explicar la razón de que sus congresistas Republicanos, tras defender las bajadas tributarias a los multimillonarios, voten contra una bajada de los impuestos a los estadounidenses de a pie.

«Mire, los estadounidenses están cansados de, estooo, los trucos contables y los parches de Washington», empezaba Boehner. Denunciaba que «los líderes Demócratas en el Senado tramitaron una ampliación de dos meses» — omitiendo mencionar que los Republicanos del Senado, con conocimiento y apoyo tácito de Boehner, habían accedido.

¿Estaría dispuesto pues a eliminar las bajadas de los impuestos cuando expiren a finales de año en lugar de tramitar una ampliación de dos meses?

«No me parece que haya diferencias tan grandes entre la Cámara y el Senado», decía Boehner a modo de garantía. Pero esto solamente confirmaba que los suyos estaban haciendo una montaña de un grano de arena.

¿Por qué no se había quejado antes de la ampliación de dos meses? «Estooo, expresamos nuestras reservas con lo que estaba haciendo el Senado», decía.

¿Qué conclusión saca de que el 90 por ciento del Senado apoye el compromiso? Boehner, como respuesta, exigía saber la razón de que siempre vayamos «al mínimo común denominador» — cosa que es justamente lo que había hecho él cuando dejó que los legisladores llevaran la iniciativa.

El presidente de la Cámara negaba la mayor de que él había alentado el compromiso antes de estar en contra. Se humedeció los labios, dio «gracias a todo el mundo» y desapareció.

Es que los novatos necesitaban a su tabernero para que le sirviera otra ronda.

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Dana Milbank

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