lunes, diciembre 5, 2022

Que no nos den copa por botella

Se acercan las fechas navideñas, época de quedar con los compañeros para desearles nuestros mejores deseos, repartir la lotería y, por supuesto, brindar por el nuevo año. Una tradición muy nuestra que la Dirección General de Tráfico también celebra, pero a su forma. Incrementarán los controles de alcoholemia a las salidas de las zonas de tapeo y se ampliarán las patrullas a la hora del aperitivo. ¡Sálvese quien pueda en estos días de excesos!. Por todo esto, la restauración lleva años presentando su particular chaleco salvavidas en forma de vinos por copas. Una idea que a muchos les ha parecido muy interesante, rompedora, moderna…¡señoras, señores, tan antiguo como el mismísimo vino!. Se lleva haciendo esta práctica en tascas, bares, casa de comidas españolas, pero parece ser que en los restaurantes de moda es lo más elegante, lo más exquisito y, por supuesto, lo más caro. Otro tema sería la conservación de estos vinos abiertos, porque algunos lo hacen muy bien en aparatos ultra modernos donde se elimina el oxígenos para una mejor conservación y a una temperatura siempre constante, pero los hay que los guardan en una simple champanera, con un tapón medio cerrado y una etiqueta mojada de varios días, donde no se lee ni el nombre. Que porque nosotros pobretones elijamos un vino por copas, no significa que nos bebamos cualquier cosa. Igualito que la cerveza donde temperatura y presión son dos variables indispensables en el arte de servir una buena caña.

La cultura de la moderación que se demanda ahora exige beber con el alcoholímetro al lado del vaso, un dislate que impide disfrutar con plenitud de cualquier vino. Las cosas claras. Alcohol, y por tanto vino, es incompatible con la conducción. El argumento de que un vaso o dos no afectan es bastante peligroso, ya que todos sabemos que el alcohol se sube a nuestra cabeza según como “te pille el cuerpo” y sobre todo, de qué cuerpo estemos hablando, si lo acompañamos o no con comida e incluso de nuestro sexo. De cualquier forma es una propuesta más que interesante la oferta de vinos por copas, pero no a cualquier precio. No es de recibo que el coste de una o dos copas sea igual al de toda la botella, como ocurre en más de uno de estos establecimientos. En ese caso, habría que recurrir a la última moda. Dejarse de vino por copas, pedir una botella y llevarse a casa el vino que no se ha consumido. Una facilidad que ya ofrecen los más modernos o, mejor dicho, los más hábiles en el negocio. Beba usted poco aquí, váyase a casa feliz y termine allí la botella que primero le habremos cobrado aquí a precio, cómo no, de oro.

Algunos de los más afamados establecimientos de restauración utilizan una fórmula pintoresca para fijar el precio que cobran por las botellas de vino. Las que les cuesta hasta 6 euros en bodega, las cobran al doble, por las que pagan 12 o más euros piden el triple y a las que les suministran a 30 o más se les aplica un recargo de 2,5 veces. Si eso mismo ocurre con el vino por copas, y es frecuente, lo mejor es llevarse el vino de casa, como también permiten otros establecimientos y pagar sólo el descorche y servicio. Las modas se imponen y siguen, pero también pueden romperse porque es triste que en hostelería prefieran que te traigas el vino de fuera a bajar los precios. En fin, así nos va que cada vez se bebe menos vino en España y mucho menos aún en los restaurantes. Es triste reconocerlo, pero incluso las bodegas que hasta hace poco invertían en España con el propósito de incrementar el consumo de su marca en nuestro país, lo han dado por perdido. Si bajo estaba ya el consumo antes de la crisis, ahora ni les cuento. Rondamos los 9 litros per cápita. Ahora los esfuerzos se dirigen a China y EE.UU. principalmente. En fin, la idea, a priori buena, de los vinos por copas, en manos de restauradores avariciosos vuelve a ser un fracaso, porque el cliente está harto de que le den copa por botella.

María D. Nepomuceno

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