viernes, diciembre 9, 2022

98 vidas perdidas en Afganistán

La muerte del sargento primero Joaquín Moya en la guerra no declarada de Afganistán es la triste nueva que, amén de destrozar la vida de una familia -el sargento deja mujer y un hijo-, nos trae noticias de un conflicto lejano sobre el que, a la hora de justificar la presencia española, es muy difícil proyectar la razón del interés nacional. España participa con 1.500 soldados formando parte del contingente de tropas que actúan bajo la bandera de Naciones Unidas (ISAF) como apoyo de las tropas norteamericanas que invadieron el país tras los atentados terroristas del 11S en Nueva York y Washington. El sargento Moya fue abatido por un francotirador, se supone que talibán, cuando participaba en una misión de adiestramiento de soldados afganos fieles al Gobierno Karzai.  

Hablamos de un Ejecutivo que pese a la ingente ayuda militar y económica recibida a los largo de los últimos años, apenas controla la región de Kabul aunque sí ha demostrado buenas mañas en asuntos relacionados con la corrupción. Afganistán es una causa perdida; una guerra tan inútil como costosa en vidas y recursos. Una guerra que en su día perdieron los rusos y ahora han perdido los norteamericanos pues no otra interpretación cabe dar a las reconocidas conversaciones entabladas por Washington con los talibanes. Georges G. Bush invadió Afganistán porque desde allí operaba Bin Laden, el terrorista que ideó la masacre de las Torres Gemelas; muerto el criminal más perseguido de los últimos años, poco queda ya por hacer en aquel país que se reparten los señores de la guerra locales que en muchos casos son, a la vez, quienes controlan los cultivos de opio de los que, vía Turquía, sale la droga que abastece a los traficantes europeos. Es un Estado fallido y, por lo mismo, de imposible control militar.

Así las cosas, cuanto antes repatriemos a nuestros soldados, mejor. Son ya 98 los militares españoles que han perdido la vida en aquella guerra en la que nos metió Zapatero para compensar la retirada de las tropas enviadas por Aznar a Irak. Cuanto antes regresen a casa, mejor. A la próxima guerra que no se admita como tal, que vayan los políticos que la defienden, no los soldados que son quienes se juegan el pellejo.

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Fermín Bocos

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