lunes, febrero 6, 2023

«¡Y encima se ríen estos cabrones!»

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Los que hemos trabajado en medios audiovisuales sabemos que no se puede hablar delante de un micrófono aunque este apagado. Son como las pistolas, los enciende el diablo. Pero la jueza de la Audiencia Nacional Ángela Murillo no sabe esas cosas y habló delante de un micrófono que estaba abierto o lo había encendido el diablo. Y dijo algo muy sensato: «¡Pobre mujer! ¡Y encima se ríen estos cabrones!».

Acaba de hablar, en el juicio que se sigue contra el exjefe de ETA, Francisco Javier García Gaztelu, ‘Txapote’, la mujer de la víctima de este criminal y de sus compinches y había hecho un relato desgarrador de cómo mataron a su marido.

Como suele pasar en muchos casos como éste, tras el relato, los asesinos se mostraron fríos y cínicos, en esa actitud indicadora de que todo les resbalaba porque ellos son los machitos. Los valientes gudaris.

Lógicamente, a la jueza Murillo se le encendió la sangre, como a cualquier persona de bien, y le dijo a su compañero de tribunal: «¡Pobre mujer! ¡Y encima se ríen estos cabrones!».

Desde hoy creo más en la justicia española.

Es cierto que la juez perdió en ese momento parte de la sindéresis que se le debe exigir a un juez pero humanizó la justicia.

Es posible que los abogados de esta banda de asesinos reclame ahora ante esa muestra de imparcialidad. Pero a mí me da igual. Y si hay que repetir el juicio, que se repita. Aunque no debemos olvidar que, si la justicia emana del pueblo, lo que dijo la jueza Murillo es lo que piensan todos los españoles de buena voluntad.

Y es bueno que lo sepan los asesinos etarras. Porque, después del anuncio del alto el fuego-trampa indefinido que han hecho, empieza a dar la sensación de que vamos a tener, encima, que pedirles perdón. Y eso sí que no sería Justicia.

Pinocchio

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