miércoles, noviembre 30, 2022

Online

Pasear por largos pasillos empujando un pesado carro, llenos de estanterías repletas de mercancías y familias alborotadas, hacen que la compra semanal se convierta en una tortura. Qué buen invento la compra online. Sentadita y calentita. Sin agobios ni gente alrededor. Tú y tu pc mientras ves pasar una larga lista de artículos y productos que simplemente tienes que clikear.

Suena el timbre de la puerta en una mañana destemplada, con el último sueño todavía estrujándome el corazón y la libido dormida. Me adapto a esa costumbre mía de pasearme ligera de ropa por mi casa y me trae a la memoria lo que un amigo me contaba a propósito de lo que, creo dijo Sartre: “El peligro de caminar al lado de un precipicio no es que te puedas caer sino que te puedas tirar”. Y ahí estaba el chico de los recados… cargadito de bultos.

Con la taza de café en la mano, mi mente empezó a despejarse. Primero fijé la mirada en el contenido de las cajas para pasar a fijarme en quien las portaba. Unos brazos musculados y tatuados y con un brillo que imagino salado. Un trasero poderoso y unas piernas varonilmente torneadas. Una media melena retirada tras las orejas, decoradas con unas brillantes circonitas en sus lóbulos. Un diente de tiburón, imagino que falso, colgando de su cuello. Y unas cejas perfectamente dibujadas. En definitiva, un gárrulo en toda regla.

Entre bultos, bolsas y paquetes rozamos nuestra piel. Mi pecho apretándose, mostrándose a través de la camiseta. Mi pulso acelerado. Yo intentando disimular mi excitación. Me mira fijamente a los ojos. Me hace un guiño que yo recojo con una sonrisa. Me acorrala contra la pared y me lame. Y me relame. Sin hablar, solo salivando. Avivando la libido. Su lengua explorando mi pecho. Mordiéndome. Saciándose. Yo abandonada a sus instintos y a los míos. Ciegos de pasión. Penetrándome delirantemente. Invadiéndome. Deslizándose entre mis aguas. Perdiéndonos.

Recoge las cajas mientras recompongo mi escueto vestuario. Una propina por los servicios prestados y a la espera de volverme a tirar en otro precipicio.

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