lunes, noviembre 28, 2022

Guerrera con ejército

¿Qué fue de la «brecha de entusiasmo» Demócrata? Quienquiera que fuera el experto en encuestas que acuñó la frase pasó por alto consultar con los ciudadanos que la pasada semana se reunían aquí convocados por el sindicato Hermandad Internacional de Obreros del Sector Eléctrico. Llenaron el aparcamiento, a continuación el aparcamiento de al lado, y luego el aparcamiento de la otra acera.

«No me pude contener cuando supe que ella vendría», dice Matt Szafranski, un bloguero presente en el acto de Springfield.

«Ya he aportado dos veces y quiero ir a un mitin», dice Fran Miffitt, enfermera jubilada.

Para cuando la candidata llegaba al acto — una prosaica sesión de organización destinada a voluntarios — ya había casi 300 personas agolpándose en la Plaza 7 queriendo verla. Cuando subió al escenario, se alzó un mar de cámaras y teléfonos móviles, igual que si fuera un concierto de rock.

¿Todo esto por una catedrática de Derecho especializada en Derecho contractual comparado? Pero Elizabeth Warren, la antigua asesora del Presidente Obama que ahora trata de desbancar al Senador Republicano Scott Brown, no es ninguna simple catedrática ni ninguna simple candidata. Es un fenómeno.

El origen del fervor no es ningún misterio: el populismo sin ambages de Warren y su ferviente convencimiento de que las multinacionales tienen que pagar el colapso económico. Parte Pat Moynihan y parte Erin Brockovich, ha reanimado la energía de la extrema izquierda como no lo ha hecho ningún Demócrata, Obama incluido.

«Vivimos en una América que ha castigado, troceado y exprimido a la clase media», decía a una audiencia reunida en Newton, Mass., mientras el estado «ha dicho a las multinacionales que no tienen que pagar impuestos».

«Elizabeth», se deshacía en halagos una mujer presente entre la audiencia del turno de preguntas, «estoy muy emocionada». ¿Pero qué va a hacer Warren, preguntaba la mujer, con el disfuncional Congreso? Warren recordaba su trabajo creando la Agencia de Protección del Consumidor de Productos Financieros de Obama en desafío a «la fuerza lobista más formidable reunida nunca sobre la faz del planeta». En lugar de seguir el consejo de conformarse con «algo marginal», decía Warren, «mi opinión de esto es que hay que salir y luchar por ello».

Warren es la primera candidata del movimiento Occupy Wall Street, el equivalente a Sarah Palin o Jim DeMint que tiene la extrema izquierda. Ha explotado el enorme resentimiento anti-multinacionales entre la izquierda y se ha convertido en el azote de la derecha.

En sus primeras semanas como candidata ha recaudado bastante más de 3 millones de dólares a partir de más de 11.000 personas — más del doble de la cantidad recaudada en todo el trimestre por el legislador titular Brown. Cualquier rival serio en las primarias Demócratas se ha descolgado, y los sondeos la sitúan en empate técnico con Brown.

Warren no tiene ningún interés en ir a Washington a ser «paciente y educada», me dice. Quiere ir a combatir los excesos corporativos, porque «la gente que provocó el colapso financiero ahora ha duplicado la apuesta» oponiéndose a los intentos de volver a regular el sector financiero.

«La idea de ir al Senado a ser la legisladora 100 veces menos veterana de una instancia que no funciona no es que me atraiga», dice. «Considero ir al Senado una oportunidad de ampliar la plataforma» y una forma de «liderar la carga».

Eso es algo bueno y algo malo. Es malo porque significa que los Demócratas están empezando a suscribir la noción del movimiento de protesta fiscal tea party de que Washington debe ser un lugar de polarización y hostilidades. Es bueno porque significa que los Demócratas van a dejar de jugar según el reglamento de caballeros mientras sus rivales los destrozan.

Para bien o para mal, el estilo combativo de Warren está teniendo más éxito a la hora de generar entusiasmo que el estilo de Obama. Obama, dice ella, «es mucho más frío que yo». Y lo que están buscando los desanimados izquierdistas es calor — alguien convencido, en las frecuentes palabras de Warren, de que «hay combates que vale la pena librar».

Y eso es lo que está echando a la calle a sus partidarios a cientos. «Hay que tener a alguien para luchar», dice Patrick Kenney, estudiante de la Universidad de Massachusetts. «Hemos de ir a por los peces gordos: Yo odio las multinacionales», dice Joanne Burke, presente en el acto de Newton.

Warren, que se describe como «la hija de un peón de mantenimiento que llegó a engreída catedrática de Harvard», ha quedado impresionada con su propio éxito; tuvo que retractarse del anuncio de que ella «había creado la mayoría de los cimientos intelectuales» del movimiento de protesta de Wall Street.

Pero claramente ha descubierto una forma de movilizar a la extrema izquierda. ¿Les iría mejor al resto de Demócratas como Obama si hubieran seguido el modelo populista de ella? «Pasapalabra», me dice.

Está bien. La respuesta es evidente.

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Dana Milbank

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