jueves, diciembre 1, 2022

Ni un euro más para las cumbres

Se celebra en Asunción, capital del Paraguay, la vigésimo primera Cumbre Iberoamericana. Es un tipo de evento que tiene más pasado que futuro. Es una plataforma política obsoleta que tiene una oficina permanente en Madrid, con un secretario general (Enrique Iglesias) y unos equipos de colaboradores cuya nómina, gastos de representación y sede corren a cuenta de los contribuyentes españoles. Nunca logró ser un foro influyente. Los países de América del Sur van a su bola, con Brasil marcando el rumbo de los que están creciendo y con Cuba y Venezuela intrigando para atraer a los que como Ecuador, Bolivia o Perú están a la cola. Méjico, que está en el Norte, mira a su gran vecino (EEUU) y casi siempre ha pasado de este tipo de «festivales de eurovisión» de la política. Las cumbres son juegos florales de las que no queda nada, salvo alguna anécdota como aquél glorioso «Por qué no te callas» del Rey Juan Carlos a Hugo Chávez en la cumbre de Chile o cuando Fidel Castro cambió el uniforme verde oliva por un traje y una corbata que, si no recuerdo mal, fue en la cumbre que se celebró en Isla Margarita (Venezuela). Lo demás, poco. A lo sumo, retórica y facturas y más facturas de viajes, dietas, hoteles y catering, ya digo a cargo, en su mayor parte, del erario español.

Las cumbres iberoamericanas están tan periclitadas que los ausentes casi igualan en número a los asistentes. A la de este año, han acudido los Reyes y ha ido Zapatero, pero son muchos y muy nombrados los ausentes. Ni Dilma Rousseff (Brasil), ni Cristina Fernández (Argentina), ni Hugo Chávez (Venezuela), ni José Mújica (Uruguay), ni Mauricio Funes (El Salvador), ni Laura Chinchilla (Costa Rica), ni Raúl Castro (Cuba) asisten a la cumbre. Vista la que está cayendo en España y visto que corremos con los gastos, nos la podríamos haber ahorrado. Cuando la gente no acude al teatro, solo hay dos soluciones para el problema: cambiar de obra o cerrarlo. Ni un euro más para subvencionar este tipo de cumbres tan inútiles como prescindibles.

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Fermín Bocos

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