viernes, diciembre 9, 2022

La campaña de los ex

Tiene su aquél la participación de Felipe González y José María Aznar en la campaña electoral. Mientras que al candidato socialista, Pérez Rubalcaba, se le nota cómodo teniendo a González a su lado, a Mariano Rajoy se le estira el gesto cuando es José María Aznar quien se le sienta cerca.

En realidad, Rubalcaba «tira» de González porque es una de las maneras que tiene de decirle al electorado (ese electorado harto de los gobiernos PSOE de Zapatero) que recuerden a aquel otro PSOE de corte socialdemócrata que modernizó España. Exhibir a González le sirve también para remover nostalgias.

Rubalcaba y González se abrazan en los mitines, se piropean el uno al otro, y mantienen un discurso en perfecta sintonía. Otro guiño a los electores. Rubalcaba que es, sobre todo, listísimo sabe que González le suma en vez de restarle, de ahí que busque la presencia del ex presidente en esta campaña. Hay que tener una seguridad grande en uno mismo, y Rubalcaba la tiene, para torear mano a mano con González sin miedo de poder ser eclipsado.

En el tánden Rajoy-Aznar no sucede lo mismo. Cuando Aznar aparece en escena Rajoy parece incómodo. Es como si de repente sintiera desdibujarse su papel de candidato. Además, los discursos de ambos difieren. No es que haya diferencias abismales, pero sí tantos matices como para que el candidato no se sienta a gusto con el discurso de su ex jefe. Mientras Rajoy intenta mantener un perfil moderado y centrista, Aznar siempre desborda por la derecha, rompiendo la línea de actuación y argumental del candidato del PP.

Dirán ustedes que por qué los «ex» han irrumpido en la campaña y la respuesta es doble: en la del PSOE porque así lo quiere Rubalcaba convencido como está de que González es un activo dentro y fuera del PSOE y que en cualquier caso le suma y no le resta. En el caso de Aznar porque hay algunas ocasiones en que es obligada su presencia por el carácter del acto convocado. Sin duda, a Aznar se le ve menos que a González, pero cuando aparece se hace notar y, aunque a Rajoy se le congele el gesto, seguro que también le aporta votos, los de los sectores más conservadores de la sociedad que en ocasiones se desazonan con la ambigüedad política de Rajoy.

La diferencia entre uno y otro ex radica en la sintonía personal que cada uno tiene con el candidato. A González y a Rubalcaba se les nota que están cómodos juntos, que hay afecto personal entre ellos, que están unidos por ideas, pero también por ese intangible que son las afinidades personales.

En el caso de Aznar y Rajoy ambos aparecen demasiado estirados, distantes diría yo, con sonrisas forzadas, con un sabor de incomodidad que intentan camuflar.

Es interesante observar a unos y a otros, si lo hacen comprobarán lo que les digo.

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Julia Navarro

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