miércoles, noviembre 30, 2022

Cinestudio

Los festivos entre semana me desubican a menos que se conviertan en puentes viajeros. Parece que nadie sabe muy bien cómo organizarse en estos días. Hacía frío y el día había salido nublado. Salir de casa en un día lluvioso le da pereza a la mayoría de la gente, pero a mí me da vida el cielo gris.

Después de pasar la mañana trajinando por la casa decidimos ir a uno de nuestros restaurantes favoritos. Cuando cruzas el umbral de la puerta es como si se hubiese detenido el tiempo. Es una casa de xantar, paredes de piedra y mesas y sillas de madera. El olor a comida casera despierta el apetito. Sus propietarios, un matrimonio gallego que hace de la cocina un placer para los sentidos.

Tras el café y el orujo casero, dimos un paseo hasta uno de los escasos cinestudio que sobreviven en la ciudad. Reponían “Irina Palm”, una deliciosa comedia con tintes melodramáticos. Conmovedora y divertida. La sala estaba prácticamente vacía y nos sentamos en la parte central de la misma.

Mientras proyectaban trailers de las próximas cintas charlábamos entre susurros. Acercando los labios a nuestras orejas. Caldeándonos. Él cubrió mis piernas con el abrigo y comenzó a pellizcarlas. Sorprendida, le dejé hacer. La situación me producía mucho morbo y mis fluidos comenzaron a manar. Acarició la vulva con sus dedos para luego llevárselos a la boca. Me acercó el refresco y me invitó a sorber de la pajita. Mordió mis labios suavemente. Volvió a enredar su mano entre mis piernas. Rozando, rítmicamente, sus dedos en mi clítoris. Mi mente transportada. Excitada. Alterada la respiración. Me miraba asintiendo con la cabeza, esperando llevarme al deleite. Cinco intensos minutos y alcancé el clímax.

Cogidos de la mano, disfrutamos de la película. Como siempre,  Marianne Faithfull maravillosa y convincente.

Memorias de una libertina

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