jueves, diciembre 1, 2022

Entre la esperanza y la náusea

ETA necesita escenificar su punto final, afirman quienes están seguros de que la banda está dispuesta a dejar su actividad criminal. Y quienes dicen esto justifican la puesta en escena de la Conferencia Internacional de Paz celebrada en San Sebastián.

Pongamos que tienen razón quienes defienden estos argumentos, pero aunque la tuvieran, a mí el montaje me produce indignación.

Resulta que bajo los auspicios de la propia ETA se celebra una Conferencia de Paz unilateral en la que unos señores venidos de fuera tienen la osadía de pedir «el cese definitivo de la actividad armada» que es una manera inodora de referirse a que dejen de asesinar, torturar, secuestrar, extorsionar, amedrentar. Eso sí, nada de exigir la disolución inmediata de la banda criminal. Y ya puestos a pedir no han tenido otra ocurrencia que solicitar a los Gobiernos de España y Francia que inicien conversaciones con ETA para tratar lo que denominan «consecuencias del conflicto», sí, así como suena. Me imagino la cara de pasmo que ha debido de poner el presidente Sarkozy ante la insólita petición de ese grupo de expertos internacionales, expertos en mediaciones, que sin embargo me parece a mí que no tienen la más mínima idea de lo que ha sucedido en nuestro país en los últimos treinta años. Pero hay más. Los mediadores internacionales también defienden que se «consulte a la ciudadanía». No sé si estos señores saben que España es una democracia donde se celebran elecciones cada cuatro años, elecciones municipales, autonómicas y generales, donde la ciudadanía vota y decide. Claro que a lo mejor los mediadores internacionales lo que están pidiendo es un referéndum de autodeterminación.

Eso sí, estos mediadores no han tenido a bien encontrarse con las víctimas, al fin y al cabo quién paga manda, y ellos han venido invitados por el llamado entorno abertzale y vaya usted a saber por qué más, pero desde luego no por las víctimas.

Lo más nauseabundo es que el comunicado de los mediadores no hace ninguna distinción entre verdugos y víctimas. Ignoran lo esencial, que no es otra cosa que ETA es un grupo terrorista que es quién ha provocado víctimas, más de ochocientas, y no solo eso, también ha secuestrado y torturado, además de poner en peligro nuestra democracia en los albores de la Transición. En nuestro país no ha habido una guerra, sino la actuación criminal de un grupo terrorista. Es decir, hay un bando, el de los criminales y el otro bando no era otro que los millones de ciudadanos de éste país que hemos sufrido a ETA.

Los mediadores internacionales, puestos a obviar, también obvian que en nuestro país hubo una amnistía por más que ellos se empeñen en que partamos de cero.

Lo cierto es que el Gobierno ha asistido de manera vergonzante como supuesto espectador distante a toda está tragicomedia de la Conferencia de Paz. La ha consentido sin poner los puntos sobre las íes.

A mí todo esto me produce náuseas, pero sobre todo me preocupa el futuro, las consecuencias de esta mal llamada Conferencia de Paz que no es otra cosa que un acto de propaganda de las tesis etarras. Es más, en mi opinión el comunicado de los llamados mediadores es profundamente inmoral.

Solo cabe esperar que se haga realidad aquello de que Dios a veces escribe con los renglones torcidos. Ojalá esta sea una de esas ocasiones y esta pantomima de Conferencia de Paz sea realmente la percha que los asesinos buscan para colgar las armas. Por eso me muevo entre la náusea y la esperanza.

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Julia Navarro

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