miércoles, noviembre 30, 2022

Series históricas

Como ustedes saben, esta columna plantea de vez en cuando iniciativas para que las rentabilicen los nuevos emprendedores y así podamos salir de la crisis. Una loable función que no espero sea premiada ya que se trata de altruismo puro.

En esta ocasión propongo que se conviertan en productores de series históricas para la tele. Es un género que tiene cierto éxito. Además según en qué zonas puede contribuir a la formación de un espíritu nacional (¿dónde he escuchado yo esto?) por lo cual seguro que es subvencionable. Para esto generalmente no hay recortes.

El problema era encontrar argumentos adecuados. Pero ya tengo el primero. Todo esfuerzo es poco si se trata de lograr tan nobles objetivos. Mi propuesta cumple con la historia pero también permite fantasear. Se basa en las aventuras de Indibil y Mandonio. Personajes reales: fueron unos caudillos íberos, del siglo III antes de Cristo, vecinos de Lérida y Vich los cuales batallaron contra tropas cartaginesas, romanas y las que se pusieran por delante. Segurísimo que cuela en la Generalitat.

Indibil y Mandonio parece ser que no eran pareja tal como se entiende hoy en día. Ignoro este detalle ya que hace 24 siglos no se comentaban estas cosas. Tampoco existían divorcios, Santas Rotas, Registros Civiles ni hipotecas. Pero esta laguna histórica  puede convertirse en virtud, ya que permite al guionista crear lo que ahora se llama una “tensión sexual” que siempre es muy agradecida. En cualquier caso no creo que existan herederos que puedan contradecir cualquier extremo creativo.

Sea cual fuera la tendencia sexual de nuestros héroes y dado el excedente de cadáveres que producían durante el día, está claro que por la noche se dedicaban a procrear (que eso no ha cambiado) ya que si no lo hubiesen hecho no estaríamos en este mundo. El género humano tampoco era especie protegida y por ello era necesario reponer existencias. Nunca mejor dicho. Para ello es indispensable la aparición de jóvenes heroínas con vestidos vaporosos y escotes “palabra de honor”.

Aunque no tenga mucha idea, parto de la base de que en aquella época se produjo un recalentamiento del planeta mucho mayor que el que anuncia Al Gore y últimamente el mismísimo  Aznar. Por ello nuestros héroes combatían lógicamente casi en pelotas, calzados con símil chancletas y ellas les esperarán sin miedo a los posibles reumas o dolorosos pinzamientos en las vértebras cervicales y dorsales que les  pudiera acarrear el uso del citado escote o las transparencias tan de moda. Seamos sinceros: lo del sexo vende, tal como he leído últimamente en este mismo diario.

Por ello me atrevo a recomendar que el reparto esté compuesto por señoritas y señoritos reclutados en gimnasios. Nunca en escuelas de Arte Dramático. Estos alumnos tienden a preocuparse por aspectos de la psicología de sus personajes, lo cual iría sin duda en detrimento del dinamismo de la producción y por ello de la economía.

Les brindo esta fantástica idea y como contraprestación solo pido que me envíen los DVD si alguien se anima. Seguro que se “forra”. Sin embargo pueden ahorrarse el video del “Making Of” o de cómo se hizo. No tengo excesivo interés en ello.

Hasta la semana que viene.

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Paco Fochs

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