miércoles, noviembre 30, 2022

Lo que disfruta Rubalcaba

Si la acción de gobierno en épocas de vacas flacas quema y pasa factura electoral, el PP no debería olvidar, aunque lo olvide alegremente, que gobierna en casi toda España. Y donde no gobierna, mandan, salvo en Andalucía y el País Vasco, primos suyos de la derecha de toda la vida: Cascos en Asturias o Mas en Catalunya. Quiere esto decir que la demonización sistemática del PSOE como autor de todos los males que afligen a España por haberla estado gobernando, puede funcionar para los afectos, para los incondicionales del PP, pero que esos tres o cuatro millones de fluctuantes que al final deciden quién gobierna, si Cánovas o Sagasta, viven en sitios donde la derecha está sacudiendo de firme a la gente con sus «rebajas», sus despidos y sus ajustes, y que lo mismo deciden a última hora no votarla porque no les da la gana.

Los sondeos, imbuidos de la falsa idea de ser una especie de adelanto, prospección o incluso primera vuelta electoral, hace mucho que vendieron la piel del oso al PP, es más, que se la regalaron, pero el oso que le queda vivo a Rubalcaba bien pudiera pegarles un susto a los peleteros y a los taxidermistas. El candidato del PSOE dispone, además, de un arma de efectos impredecibles con la que nadie contaba: el disfrute. En efecto; a Rubalcaba se le ve disfrutar muchísimo figurándose que vuelve a ser el socialista de izquierda que acaso fue algún día. Por eso es absurdo que le acusen de proponer lo que no hizo en el Gobierno: allí no era socialista ni de izquierda.

La pena es que, obligado a ser muy de izquierda todo el rato, Rubalcaba solape el componente conservador (en el buen sentido) que atesora. Ese componente, liberado de la convenciones llamémosles «progres», podría darle mucho juego. Por ejemplo; cuando rectifica al preguntador que se dirige a él llamándole Rubalcaba a secas:

«¿Quiere decir «señor Rubalcaba», ¿verdad?». Porque, desde luego, tan importante como crear empleo o gravar el alcohol es que las personas sean educadas, y eso del «oiga, Rubalcaba», como lo del tuteo indiscriminado, es el cáncer de la educación. Termine de desmelenarse, pues, el candidato. Y disfrute, que la vida es arena entre los dedos.

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Rafael Torres

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