domingo, febrero 5, 2023

Reforma fiscal y demagogia electoral

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Hemos conocido la propuesta del Presidente de los Estados Unidos en el sentido de incluir un nuevo impuesto para millonarios en su plan de reducción del déficit norteamericano. Este plan le ha sido inspirado por las manifestaciones del magnate Warren E. Buffet quien sugirió que los más ricos normalmente pagan una proporción más baja de sus impuestos que la clase media norteamericana.

También en España y a solicitud del candidato del partido en el gobierno, se ha aprobado en Consejo de Ministros la resurrección del Impuesto sobre el Patrimonio, del que una vez conocido su contenido podemos apreciar claramente la improvisación y la injusticia que contiene.

En el caso de las grandes fortunas es muy difícil gravar sus rentas ya que gozan de una gran movilidad por todo el planeta y al igual que las empresas buscan los países con menores costes para llevar allí la producción (deslocalización), los magnates hacen lo mismo con sus fortunas, las llevan y localizan en donde tengan un mejor tratamiento fiscal. Por eso casi todos los países atenúan su fiscalidad, para desincentivar las salidas del país.

Todos hemos oído hablar de las famosas SICAV, que son instrumentos de inversión colectiva que han sido desvirtuados y que sirven para hacer inversiones y aparcar la tributación de los rendimientos hasta que sea interesante su recuperación. Es la realidad de nuestro país y de muchos otros.

A nadie se le escapa tampoco que muchos deportistas o famosos españoles tienen domicilios fiscales en otros países para conseguir una fiscalidad más atenuada. Es la realidad de la vida. Supongo que no se sienten ni más ni menos españoles, pero para ellos, muchos Euros son muchos Euros.

En estos días hemos oído a empresarios y sindicatos manifestaciones en relación a la necesidad de una reforma global de nuestro sistema impositivo. Aunque si bien es cierto que no están de acuerdo en qué impuesto concreto hay que cargar las tintas, están de acuerdo en lo principal, en la necesidad de la reforma.

La verdad es que se impone una revisión del todo el sistema fiscal español que descansa, básicamente en cargar sobre las rentas del trabajo gran parte del esfuerzo. Ahora bien, una reforma fiscal no se improvisa ni se hace sin tener en cuenta el entorno en que se mueve nuestro país. Cerrar los ojos a la realidad y hacer demagogia puede suponer una fuga de capitales hacia otros países más “comprensivos con el problema”. El mundo y la vida no son justos por sistema, los hacemos más justos poco a poco.

En definitiva, que habría que ir a buscar una reforma fiscal basada en el equilibrio entre la justicia, el sentido común y el entorno. Y yo me pregunto ¿quién le va a poner el cascabel al gato?

 

José Luis Martín Miralles

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