viernes, diciembre 2, 2022

Por el bien común

La batalla que los docentes de la enseñanza pública inician estos días contra el recorte presupuestario tiene mucho que ver con el bien común. Están defendiendo no sólo sus intereses sino el futuro de nuestros hijos y de la economía de este país que sin educación volverá a la recesión de forma periódica.

Es verdad que la crisis es grave, que las comunidades autónomas tienen severas dificultades para alcanzar las cifras de déficit exigidas, pero hay partidas del gasto público superfluas que deberían ser las primeras en sacrificarse antes de tocar la educación o la sanidad. ¿Qué sentido tiene que Madrid destine noventa millones de euros a publicidad institucional mientras despide interinos en los centros de enseñanza?

Además, Esperanza Aguirre presumía en campaña electoral de que su comunidad era ejemplo de buena administración, de cuentas saneadas y excelencia educativa. Prometió crear un centro para alumnos brillantes donde se premiaba el talento y el esfuerzo. En cuatro meses se ha pasado del superávit al tajo sin contar a los madrileños que es una de las regiones que menos invierte en educación.

Lo mismo podría decirse de Cataluña donde el ejecutivo de Artur Mas, que por cierto sigue manteniendo todas las embajadas en diferentes países que montó ERC en la época del tripartito, ha decido hacer de la Sanidad y la Educación los dos chivos expiatorios de los recortes. Todos los gastos suntuarios siguen incólumes.

Además del recorte económico, a los docentes se les ha faltado el respeto. Cuando Esperanza Aguirre dijo que había madrileños que trabajaban más de veinte horas estaba ridiculizando su labor. Los profesores tienen una jornada laboral de treinta y siete horas y media como el resto de los trabajadores.

La docencia carece del respeto que se merece por parte de la sociedad. Eso se traduce en alumnos indisciplinados, en ocasiones violentos, con padres que no apoyan la labor del profesor. Sus escasas retribuciones pueden tener alguna relación con esa falta de consideración de la ciudadanía.

Si de verdad este país quiere modernizarse, abandonar la economía del ladrillo culpable del paro endémico que nos separa del UE, tiene que mejorar su sistema educativo ya que estamos a la cola de nuestros vecinos europeos y eso no se hace recortando el dinero para la educación pública y menospreciando a maestros y a profesores.

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Victoria Lafora

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