lunes, diciembre 5, 2022

El adiós de Bono

José Bono se va, bueno, eso es lo que ha dicho, que no quiere repetir como diputado, que prefiere dar un paso atrás. Cuesta creerle. No porque no diga la verdad, sino porque ha dedicado a lo largo de su vida lo mejor de sí mismo a la política.

Yo, la verdad, no imagino a José Bono haciendo otra cosa que política. No le veo dedicado a los negocios ni ejerciendo de jubilado, ni siquiera dedicado a la docencia. Pero si él dice que le ha llegado la hora de la retirada habrá que creerle por más que resulte difícil imaginar que dentro de poco permanecerá entre los recuerdos de la Historia reciente.

Lo cierto es que el PSOE pierde con la marcha de Bono porque guste más o guste menos lo cierto es que ha sido un referente y sobre todo una de las «figuras del banquillo» de que disponía la familia socialista.

Echando la vista atrás no es difícil darse cuenta de que en nuestro país las cosas habrían sido diferentes si Bono hubiera ganado aquel congreso del PSOE en que perdió ante Zapatero. Fueron nueve votos, nueve votos facilitados por Alfonso Guerra, los que dieron la victoria a José Luis Rodríguez Zapatero.

No sé si Guerra se habrá arrepentido alguna vez de haber facilitado el ascenso de Zapatero, en cualquier caso aquellos votos dejaron a José Bono fuera de juego y hoy, con la perspectiva que da el tiempo, pienso que fue un error.

Zapatero parecía ser lo que no era, o acaso muchos quisimos ver en él lo que no tenía. Y lo que no tenía era la consistencia suficiente para hacerse con las riendas, no del PSOE, sino del país.

Nadie tiene poder sobre el pasado, por tanto es inútil lamentarse por lo que podía haber sido y no fue, pero tampoco está de más pensar que en nuestro país las cosas habrían sido muy diferentes si Bono se hubiera hecho con el liderazgo del PSOE y posteriormente se hubiera convertido en jefe de Gobierno. Hay zozobras y vaivenes por las que no habríamos pasado. Hay melones, como el de los estatutos, que no se habrían abierto, hay choques de trenes que se habrían evitado y, sobre todo, no habría permanecido frívolamente alegre negando una crisis económica cuando ya la teníamos encima. Se habría equivocado en otras cosas, claro, en muchas, sin duda, pero los suyos no hubieran sido los mismos errores de Zapatero.

Dentro de unos días se disolverán las Cámaras y el 20-N se celebrarán elecciones generales y me parece a mí que ese día inauguraremos otra página en nuestro país, donde habrá ausencias sonadas como la de José Bono si es que finalmente se mantiene en su decisión de hacer mutis por el foro.

No sé, pero a veces pienso que en España somos muy dados a desperdiciar la experiencia de quienes tienen más años. No logramos que cuaje el cóctel entre jóvenes y mayores, entre el impulso, la energía y el talento nuevo con quienes tienen ya una vida repleta de experiencias.

Estos días, el presidente del Congreso aprovecha para ir despidiéndose de quienes han trabajado con él codo con codo en los últimos años, lo hace con una sonrisa, ahuyentando la nostalgia. Es como si él mismo quisiera contribuir a cerrar esa página de la historia reciente mientras se abre la nueva el 20-N.

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Julia Navarro

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