sábado, diciembre 3, 2022

El reto de Petraeus en la CIA

Cuando David Petraeus asuma la dirección de la CIA la próxima semana, se va a enfrentar a un problema espinoso: los analistas de la CIA que trabajarán con él llegaron a la conclusión hace poco en una evaluación reciente que el conflicto en Afganistán se dirige hacia «un punto muerto», opinión de la que discrepa Petraeus.

Los analistas se formaron su dictamen en la «Evaluación Regional de Afganistán» finalizada en julio, el mismo mes en que Petraeus abandonó su puesto de responsable militar estadounidense allí. Él discrepa de la lectura pesimista de los analistas, al igual que el General John Allen, nuevo responsable militar en Kabul; que el General James Mattis, responsable de Centcom; y el Almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor.

La valoración de la CIA es «bastante dura», afirma un funcionario militar familiarizado con su contenido. Él apuntaba que el documento utiliza la fórmula «punto muerto» varias veces para describir el desencuentro entre las fuerzas encabezadas por la OTAN y los insurgentes talibanes. Ni siquiera en las regiones en las que Estados Unidos ha elevado sustancialmente el número de efectivos dentro del incremento de los 18 últimos meses los analistas de la CIA se muestran optimistas en que la tendencia de progreso de los talibanes se haya invertido, como han afirmado el Presidente Obama y sus mandos militares.

«Todo el mundo que examina Afganistán hoy reconoce que los retos son reales y que el progreso no es fácil», afirma un funcionario civil familiarizado con la valoración, añadiendo que se coordinó de forma escrupulosa con el ejército. Se trata del séptimo examen por regiones que realiza la CIA del país.

El escepticismo de los analistas con la estrategia estadounidense en Afganistán, que lleva progresando los últimos años, plantea retos tanto a Petraeus como a la Casa Blanca.

La prueba de fuego de Petraeus va a ser que sepa dar a los analistas la independencia que necesitan para brindar una evaluación sólida de la estrategia de Afganistán, cosa de la que se encargó en persona. Petraeus tiene sus propias opiniones formadas en torno a la guerra, y ha dejado claro que seguirá manifestando lo que piensa. Pero si los analistas se están formando una opinión distinta del jefe, es seguro que surgirán tensiones.

La forma en que Petraeus solucione estos inevitables roces – tranquilizando a los analistas mientras permanece fiel a sus propias opiniones – va a ser
vigilada de cerca dentro y fuera de la CIA. No hay una cadena de mando militar: los analistas de la Inteligencia acusan las iniciativas de los advenedizos (y todavía más los superiores) de influenciar sus crónicas. Si creen que Petraeus trata de precipitar juicios, es seguro que van a protestar.

Petraeus sostuvo durante su vista de ratificación en el Senado el 23 de junio que daría a los analistas el espacio idóneo en los terrenos en los que él había sido responsable militar, como Irak y Afganistán. «En la Sala de Inteligencia del Ala Oeste con el presidente, trataré de presentar la
postura de la agencia», decía, añadiendo que iba a ser «marcadamente conscientes de que soy el responsable de una agencia de espionaje, y no un legislador».

Los rumores de un presunto conflicto entre Petraeus y los analistas llevan la última semana circulando por Kabul, a medida que se extendía la noticia
de la valoración escéptica de la CIA. Hay quien especula con que se trata de un ataque preventivo de la burocracia de la agencia; otros lo ven como un presagio del inminente cambio de la política de la Casa Blanca. Según las fuentes consultadas, ninguna de las dos cosas parece cierta. Los analistas vienen desde hace tiempo siendo escépticos con Afganistán, pero Obama ha seguido prestando su apoyo al ejército.

El reto más importante es a Obama. En 2009 adoptó el objetivo limitado de detener a al-Qaeda en Afganistán e invertir la tendencia de los talibanes pero utilizando una amplia estrategia de contrainsurgencia para lograr esa misión. Si la opinión de los analistas de la CIA es compartida de forma generalizada, y en Washington hay una sensación cada vez más extendida de que la campaña de más de 100.000 millones de dólares anuales sólo está logrando una cara partida en tablas, Obama tendrá que volver a valorar el plan y el número de efectivos. Irónicamente, si elige un enfoque de contraterrorismo más limitado, Petraeus volverá a ser el blanco de las críticas en calidad de director de la CIA.

La Casa Blanca parece cómoda con su repliegue gradual de aquí a 2014 por el momento. La conflictiva relación con el Presidente Hamid Karzai ha mejorado
ligeramente gracias al «borrón y cuenta nueva» realizado por el nuevo embajador estadounidense Ryan Crocker. También existe un acuerdo amplio con la opinión del consejero puntual de Obama John Podesta, que tras una visita en julio a Afganistán defendió hacer un mayor hincapié en una estrategia de transición política y económica.

Como en tantos aspectos de Afganistán, suenan ecos de Vietnam en esto donde los analistas fueron enfáticos y precoces en sus advertencias de que
la estrategia estadounidense no tendría éxito, pero fueron replicados por los generales que insistían en que Estados Unidos podía imponerse con la fuerza militar suficiente.

En un sentido técnico, Petraeus superó el umbral entre los papeles militar y de espionaje cuando colgó el uniforme esta semana, pero la verdadera transición empieza ahora.

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David Ignatius

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