viernes, diciembre 9, 2022

Otro líder de Al qaeda que cae

La muerte de Atiyah Abd al-Rahmán en el ataque de un vehículo no tripulado en Pakistán el 22 de agosto puede parecer simplemente otro de los reveses mortales con relevo entre los responsables de operaciones de al-Qaeda. Pero representa un golpe de gracia al núcleo duro que en tiempos rodeó a Osama bin Laden.  

Atiyah, como era conocido entre los analistas, era el canal de comunicación de bin Laden con el mundo. Sus intercambios son el premio más importante sacado del inmueble de bin Laden cuando perdió la vida el día 2 de mayo. Ellos hablaban de todo: estrategias, efectivos, operaciones, reveses políticos. Cualquier hebra que mantuviera cohesionada a al-Qaeda pasaba de bin Laden a Atiyah.              

La muerte del libio Atiyah cercena la capacidad de al-Qaeda de perpetrar un nuevo mega-atentado contra América; acerca a la extinción a la cúpula del colectivo; y eleva la probabilidad de que el centro de gravedad de la organización se desplace de las zonas tribales de Pakistán en favor de una de las ramas, como la robusta Al-Qaeda en la Península Arábiga, radicada en Yemen.        

Al pedírsele hace poco el nombre del líder más importante de al-Qaeda con vida, un alto funcionario estadounidense habría dicho Atiyah. Explicó que el heredero nominal de bin Laden, Aymán al-Zawahiri, es en realidad una figura de segundo orden, el líder del ala egipcia del grupo más que de al-Qaeda en general. Que Zawahiri tuviera más peso que Atiyah revertiría en interés de América, habría dicho este funcionario, porque Zawahiri es una figura divisiva cuyas tácticas improvisadas resultarían menos amenazadoras para América.            

Uno de los temas discutidos con frecuencia entre Atiyah y bin Laden era si las tácticas ferozmente violentas de al-Qaeda estaban alienando o no a los musulmanes de los países en los que opera. Eso condujo a una fascinante misiva remitida por Atiyah a Abú Musab al-Zarqawi, responsable de al-Qaeda en Irak, en el año 2005 reprendiéndole por poner sus miras en los musulmanes chiítas dentro de su campaña indiscriminada de Irak contra América y sus aliados. Y en años más recientes, los dos discutieron el peligro de buscar un «califato» islámico en las zonas en las que al-Qaeda aparenta estar fuerte, puesto que esa maniobra fundamentalista alienaría probablemente a otros musulmanes. Mejor, aducían, seguir atacando a América.               

La muerte de Atiyah es especialmente relevante al acercarse el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, y no por razones simbólicas únicamente. Bin Laden vendría trabajando con Atiyah en planear un ataque espectacular contra un objetivo estadounidense, vinculado al aniversario del 11S. No está claro lo lejos que habría llegado esa planificación, pero con independencia de su nivel, se verá dificultada, puede que incluso desarticulada, con la muerte del caballero al que bin Laden encargó la organización de los detalles de la trama.  

No está clara la forma en que la CIA fue capaz de llegar a Atiyah en el ataque del 22 de agosto sobre Waziristán del Norte, ni cómo se las había arreglado él para conservar su refugio allí. El compendio de materiales recogidos del inmueble de bin Laden en Abbottabad el pasado mes de mayo no incluía mucho que ayude a determinar el paradero de los agentes sobre el terreno, según un alto funcionario estadounidense, y Atiyah habría entendido que cualquier cosa que diera a conocer su paradero quedaría comprometida. Pero en lo referente a la localización y al resto de detalles operativos, los agentes estadounidenses tienen los labios sellados.      

Atiyah fue víctima del ataque de un vehículo Predator no tripulado, arma que tanto él como Bin Laden acusaban con tanto resentimiento en sus intercambios. Atiyah habría dicho a su superior que «la guerra de la Inteligencia» estadounidense, como la habría bautizado bin Laden, había hecho prácticamente imposible moverse, comunicarse, reclutar o instruir efectivos a al-Qaeda dentro de las zonas tribales de Pakistán. Habrían discutido si al-Qaeda debía trasladar su cuartel general a otro sitio más seguro. Esa reubicación parece más probable ahora que el caballero que anclaba la presencia del grupo a Pakistán está muerto.

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David Ignatius

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