martes, noviembre 29, 2022

Cambiar la ley electoral

Ahora que están próximas las elecciones generales y que dentro de poco tendremos nuevas cámaras, me viene a la memoria esas peticiones del 15M, las exigencias de los indignados referidas al cambio de sistema electoral. Creo que es una de las mejores ideas que podían poner encima de la mesa. La modificación de la ley electoral es la base necesaria para mejorar la calidad democrática de la que tanto se habla.

El cambio tiene que tener en cuenta las listas abiertas; que no se pueden colar, bajo las siglas respetables de los partidos, los corruptos, los aprovechados, esos que solo pretenden medrar,  ni tampoco los incompetentes. Que cada nombre vaya acompañado de una historia, de sus hechos, que sea suficientemente conocido por quienes han de elegirle.

Qué duda cabe que esta modificación es necesaria. Pero después de tantos años y varias legislaturas, también se echan de menos otras cuestiones dignas de tener en cuenta. Se trata de la representación de los ciudadanos por igual, vivan en los territorios que vivan. Eso de que un partido, por el hecho de presentarse en una comunidad y solo en esa, pueda obtener 7 diputados y en otra por el mismo número de votos solo obtenga uno o ninguno tiene que pasar a la historia. Es preciso eliminar lo privilegios y eso lo es.

La norma que surja de la próxima revisión ha de facilitar al gobierno de turno, de uno u otro partido, la fortaleza necesaria para gobernar sin ataduras nacionalistas. Que los minoritarios ligados a intereses regionales definidos no tengan la posibilidad de desvirtuar los programas previstos de los partidos nacionales que responden a demandas generales del país y que los han votado millones de ciudadanos.

Pero no nos hagamos muchas ilusiones porque no será fácil cambiar un molde en el que tanta gente se encuentra cómodo. Cada uno por cuestiones diferentes, pero gusta a casi todos menos Izquierda Unida que siempre se queda fuera y con escasa representación, si tenemos en cuenta el número de votos que recibe en las urnas. Los dos grandes se resisten a modificarlo porque les permite un control sobre las bases, los nacionalistas porque obtienen una representación excesiva que les sirve para cambiar decisiones necesarias en beneficio de sus regiones y conquistar a sus votantes y las minorías gestionan un poder que no les dan las urnas.

En definitiva, que los cambios habrá que forzarlos con movilizaciones y presiones externas si queremos que se produzcan. No será fácil que la iniciativa nazca en las propias formaciones con representación parlamentaria. Habrá que empujar para que la próxima ley electoral nos permita conformar gobiernos fuertes.

Se trata de un cambio que será positivo porque la gestión de un gobierno fuerte siempre es rentable para los ciudadanos, para todos los ciudadanos.

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Pedro Fernández

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