martes, diciembre 6, 2022

Una dimisión fuera de juego

Recordaba mi amigo Emilio Contreras una cita de don José Ortega y Gasset: «la realidad se venga cuando no se le acepta y reconoce».

Es la de Francisco Camps una dimisión en fuera de juego que ya no puntúa para el partido de su vida. Camps no ha dimitido, que es un acto que siempre encierra una dosis mayor o menor de dignidad, sino que le han tirado por la escalera para limpiar la Generalitat de Valencia. La prueba de que esta es una dimisión baldía es que ni siquiera ha tenido la elegancia del disimulo: toda su retahíla de teorías de la conspiración que ha esgrimido para evitar el banquillo le han acelerado en su progresión hacia él.

Ahora Camps no sólo no es ya ‘Honorable’, sino que pasará a la historia como un político que mintió en sede parlamentaria y mintió en el juzgado; como un político que se resistió como los niños cuando se agarran a las piernas de su madre porque no quiso ir a la escuela fingiendo que no se encontraba bien.

La justicia tiene un temporizador difícil de desactivar: nunca se sabe si estallará la bomba y si dará tiempo para ponerse a cubierto. El poder ofrece una pátina de impunidad que se limpia de repente con un auto de procesamiento.

Quien pensaba que las urnas lavan las mayores afrentas a la democracia, se ha tenido que marchar por la escalera de incendios cuando ya el fuego llegaba a la azotea. Una dimisión en fuera de juego sin honor, no es diferente de un cese. Pobre Camps. A ver qué discurso heroico construye el Partido Popular.

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Carlos Carnicero

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