miércoles, noviembre 30, 2022

¿Por qué son honestos los honestos?

Dos personajes importantes del mundo jurídico español comentaban recientemente que el principal problema de España es la corrupción. Y uno de ellos apostillaba: «lo peor no es la corrupción, sino la insensibilidad generalizada con que la sociedad la contempla». No hay que explicar los casos más recientes, que están en las portadas de los periódicos de estos días, ni los más antiguos, que siguen en los tribunales o ya han sido juzgados. Las encuestas del CIS muestran la creciente desconfianza de los ciudadanos en los políticos y los medios recogen también la desconfianza de las instituciones, de los Gobiernos y de los Estados en los bancos, en los órganos de control que no controlan, en las agencias de rating. Está en riesgo la confianza, la credibilidad, la seguridad jurídica.

Leo un informe periodístico sobre la corrupción y no me resisto a citar algunas de las cosas que se dicen. «El dato más significativo y preocupante es que los que están robando a manos llenas no son los ladrones, esos peligrosos delincuentes que asaltan apartamentos, atracan en la calle o despojan de sus bienes a otros. Los que están robando increíbles sumas de dinero no necesitan pistolas ni cuchillos, sino respetabilidad. Son gentes de alta posición política y social que roban sin ensuciarse las manos y sin asustar a sus víctimas».

«En una situación de poder, sigue el informe, se multiplican las posibilidades de ejercer la corrupción, debido al cargo que se ocupa o al poder que da el dinero en la sociedad. Así se da la contradicción de que la corrupción es más posible entre aquellos que son menos sancionables». El informe añada que «la corrupción se ha convertido en costumbre y en parte de la cultura» y que a pesar de los daños que causa a la economía, a la confianza y a la misma seguridad ciudadana, combatir la corrupción, que sólo favorece a los ricos, debilita el poder económico de los pobres y de la clase media, no ha llegado a ser una prioridad. ¿Cómo se puede pedir a los honestos que sean honestos y educar a los jóvenes en la práctica de la honestidad y de los valores si lo que se lleva, lo que se premia en muchas ocasiones o lo que es moneda corriente es la corrupción?

El Informe al que me refiero no se refiere a España sino a Colombia, aunque cueste creer que no se ha hecho aquí sobre nosotros, sobre la falta de transparencia de nuestras instituciones y de algunas de nuestras empresas, -especialmente las públicas, las gestionadas con dinero de los contribuyentes o que cuentan con el favor del poder político-, de nuestras cuentas públicas, de la mano larga de unos cuantos políticos -no todos, no muchos, demasiados en todo caso- y de la insensibilidad social para denunciar la corrupción y apartar de la vida pública a los corruptos. ¿Por qué, a pesar de todo, los honestos, en la política, en la vida, en la calle, siguen siendo honestos?

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Francisco Muro de Iscar

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