lunes, diciembre 5, 2022

Y los guiños (y algo más) de Monago

Si ayer escribí sobre los “guiños a la izquierda” con los que el PSOE y su candidato quieren disimular la ausencia de un proyecto político intelectualmente socialdemócrata, habrá que ocuparse hoy de otros guiños, o quizá más que guiños: los del popular José Antonio Monago para hacerse con la presidencia de Extremadura con el concurso de Izquierda Unida. Se ha visto que los líderes extremeños de la coalición de izquierda, por mucho que su inicial negativa a apoyar al PSOE estuviera dictada por el largo enfado de cómo han sido tratados, han sabido aprovechar su situación, el ser llave necesaria para la elección del presidente regional, y, más que modular, rectificar el discurso de Monago. Se está en política para conseguir el poder y, en ese ejercicio, el PP ha actuado con eficacia para conquistar la tan socialista Extremadura, el baluarte que se pensaba que el PSOE, incluso en las peores circunstancias, no iba a perder.

Se está en política para lograr el poder, en el que sin duda se pueden hacer, aún con todas las dificultades, más que en la oposición. Pero se trata, si se impone el sentido común, de lograrlo para llevar a cabo un proyecto y José Antonio Monago debería tener buen cuidado. Buen cuidado para que su acción de gobierno sea identificable por sus votantes, buen cuidado para que sea además coincidente con el proyecto general del PP en este momento decisivo para sus aspiraciones políticas y buen cuidado, evidentemente, para el futuro de Extremadura y de los intereses de los extremeños. Es cierto que esa comunidad autónoma, gobernada hasta ahora por el socialista Fernández Vara, está en los límites de déficit permitidos por el Gobierno, pero eso no significa que no tenga que abordar esta y las próximas legislaturas con una austeridad sobresaliente porque aquel debe ser reducido tanto por imperativo como por necesidad. Sin embargo, en lo que algunos interpretan un guiño a Izquierda Unida, el nuevo presidente popular parece pretender conseguirlo con la pirueta imposible de aumentar los gastos (desde las becas a las prestaciones por dependencia pasando por planes de emergencia social y una renta básica) reduciendo algunos de representación y altos cargos, que es una medida conveniente pero que, a todas luces, no resuelve el problema contable. Claro que Monago, en medio de la cabriola, se apunta a la manida “deuda histórica” y quiere pedir, en este momento, más dinero al Estado. Estaría bien que Mariano Rajoy aclarase su disposición a complacerle si está en La Moncloa, como parece previsible, el año próximo.

Me preocupan menos las buenas palabras del dirigente popular dirigidas a los sindicatos y me parece conveniente que reivindique el papel de los funcionarios, pero llama la atención que, de un plumazo, modifique la posición de su partido en impuestos como el de patrimonio y sucesiones. La misa que vale el poder es, en este caso, demasiado solemne y plagada de incienso. Y, por ello, se ha encontrado, paradójicamente, en la misma situación en la que está el Gobierno nacional con el PNV: se cede y, además, el beneficiario se permite el lujo de mirar con sorna al que cede. Es para mantenerse o conseguir el poder, claro, pero, para el observador que no va a tener ni el medio coche oficial de los ahorros de Monago, resulta todo un tanto chocante.

Germán Yanke

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