jueves, diciembre 8, 2022

Despedida a un general

Hace una semana, a última hora de la noche en la que el Presidente Obama anunció que se dispone a replegar los efectivos de Afganistán con mayor celeridad de la deseada por el ejército, el General David Petraeus celebró una videoconferencia desde Washington con sus mandos, reunidos en Kabul con motivo de su reunión de las 7:30. Él les aseguró que su plan de campaña seguía siendo «factible», hasta con filas paulatinamente menos numerosas, y les ordenó permanecer a la ofensiva.

La conferencia fue una maniobra clásica Petraeus – una muestra de optimismo y determinación, maridada con el impulso al interés nacional. Debía haber quedado decepcionado, pero se lo guardó todo, explicando a su equipo que la decisión del presidente se había visto influenciada por factores más generales que el calendario preferido por el ejército.

Petraeus dejará su responsabilidad al frente de las fuerzas de la OTAN destacadas aquí en julio con el resultado de la Guerra de Afganistán lejos de está claro. No ha logrado el mismo cambio dramático decisivo que logró en Irak, donde encabezó un incremento de efectivos estadounidenses que salvó al país de la guerra civil por un pelo. El conflicto afgano ha demostrado ser más hostil.

Petraeus afirma que sabía desde el principio que «un giro en redondo» rápido en Afganistán era imposible. Pero se sigue mostrando confiado en que su estrategia de contrainsurgencia puede funcionar así, incluso a medida que Estados Unidos repliega sus efectivos. Dice que la definición del éxito será la transferencia de la responsabilidad de la seguridad a los afganos antes del año 2014, cuando se marchan los efectivos de combate estadounidenses.

Los políticos de las dos formaciones están declarando Afganistán causa perdida ya. Sin embargo, Petraeus afirma que el incremento de efectivos destacados por Obama en diciembre de 2009 está empezando a dar fruto, incluso mientras Washington se desencanta del conflicto: los niveles de violencia de las últimas semanas han descendido alrededor del 5% con respecto a un año atrás, y los talibanes no han logrado conservar el control de los bastiones de Kandahar y Helmand saneados en 2010. Los efectivos afganos obtienen mejores resultados, insiste, y están absorbiendo tres veces el número de bajas de los efectivos de la OTAN.

Los aspectos negativos son también evidentes para muchos observadores. La administración del Presidente Hamid Karzai sigue siendo corrupta a niveles grotescos, y la administración pública por todo el país se sitúa entre mala e inexistente. Afganistán es un país maltratado y disfuncional.

La herencia Petraeus será objeto de debates entre historiadores militares durante los próximos años. Es el General más famoso de su generación, reconocido artífice de milagros tras el rescate de Bagdad pero todavía motivo de ofensa para algunos colegas por ser demasiado político. De alguna forma ha sido el mando militar predilecto tanto de George W. Bush como de Barack Obama, que le saca de Kabul para dirigir la CIA.

Durante una entrevista mantenida en su despacho aquí, Petraeus ofrece una autocrítica inusual cuando le pido que enumere sus puntos fuertes y sus puntos débiles como mando militar.

A la cabeza de su lista de puntos fuertes aparece la creación de la Policía Local afgana, una iniciativa de seguridad estructurada que tiene en cuenta la composición tribal de Afganistán y que al principio contó con la oposición y luego con el apoyo de Karzai. También menciona la campaña contra la corrupción encabezada por su veterano asesor, el General de Brigada H.R. McMaster. Y cita el desarrollo del marco del traspaso del control de la seguridad afgana, provincia a provincia, que dará comienzo el mes que viene.

Pregunto a Petraeus por la cuestión más genérica de su estilo de liderazgo, intenso y focalizado incluso según los estándares militares. Un pequeño ejemplo es la forma en que saneó la sede de las tropas de la OTAN en la coalición, un caos ruinoso con los mandos anteriores. Lo que hizo fue simple pero decisivo: dice que recorrió el complejo durante 30 minutos en compañía del responsable de la base y le iba diciendo lo que había que arreglar. Las escobas y las brochas hicieron acto de presencia en seguida.

La autocrítica de Petraeus se centraba en áreas que condujeron a fricciones con la población afgana, minando el objetivo de la contrainsurgencia. Afirma que debió haber maniobrado con mayor rapidez para poner orden entre los contratistas de la seguridad privada, cuya presencia constituyó un importante motivo de irritación para los afganos. Y debió haber trabajado con mayor ahínco para reducir el número de bajas civiles provocadas por la coalición, que bajo su control descendió de forma acusada pero todavía enfurece a Karzai y al país.

Lo difícil de imaginar es que tras 37 años en el ejército, Petraeus vaya finalmente a colgar el uniforme, un uniforme muy pesado a base de galones que simboliza su ambición y su superación. Él dice que será más fácil porque ingresa en otra «familia» de servicio a la nación en la CIA. Sería más difícil, dice, si estuviera camino de una playa para supervisar negocios lucrativos o revisar ofertas editoriales. La próxima semana celebrará el 4 de Julio destacado en combate por séptima vez en los últimos nueve años. Dice que «pasar la última revista» puede «empezar a pesar más en las próximas semanas».  

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David Ignatius

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