sábado, diciembre 3, 2022

La puntilla de Extremadura

La decisión de IU de Extremadura de abstenerse en la sesión de investidura del nuevo presidente de la Junta, permitirá al popular José Antonio Monago ser el próximo presidente de dicha comunidad autónoma, tras veintiocho años de gobiernos presididos por el PSOE. Para una parte de la opinión pública resultará incomprensible que IU permita un gobierno del PP y no facilite que lo siga siendo alguien del PSOE. Pero como casi todo en la vida, esta decisión también tiene sus matices. Veamos algunos.

Lo primero que habría que recordar es que las elecciones autonómicas del pasado 22-M en Extremadura las ganó el PP con cierta holgura al conseguir 307.558 votos (46,21 por ciento) y 32 diputados, mientras que el PSOE obtuvo 289.467 votos (43,49) y 30 diputados. IU tuvo 37.096 votos (5,57) y tres diputados. Parece claro que los extremeños castigaron duramente al PSOE -perdió 63.000 votos y ocho escaños con relación a las elecciones autonómicas del 2007- y premiaron al PP que subió 50.000 votos y cinco escaños respecto a hace cuatro años. De ahí, la honradez intelectual que ha demostrado el candidato del PSOE y presidente de la Junta de Extremadura durante la pasada legislatura, Guillermo Fernández Vara, al decir nada más conocer la decisión de IU que «tuvimos un mal resultado electoral, no eludamos nuestra responsabilidad» y añadir: «Es verdad que IU podía haber paliado nuestro mal resultado, pero no carguemos ahora contra ellos. Creo que no es justo».

En segundo lugar, la decisión de abstenerse la ha tomado IU después de hacer un referéndum entre sus bases para saber lo que estas querían. Y el resultado fue apabullante: el 75 por ciento de los militantes de IU de Extremadura votaron por la abstención aun a sabiendas de que eso daría la Presidencia de la Junta al PP; el 22 por apoyar al candidato del PSOE y un 3 por entrar en un Gobierno con los socialistas. Es decir, un proceso impecable de democracia interna, en el que se ha impuesto una opinión que era la contraria de la que mantenía la dirección federal de la coalición liderada por Cayo Lara, e incluso de la del coordinador de Extremadura.

El hecho es que con esta decisión el PSOE pierde uno de sus feudos históricos donde ha estado gobernando siempre. En la actualidad, el mapa autonómico arroja el siguiente resultado: 11 comunidades autónomas gobernadas por el PP; dos por el PSOE (País Vasco y Andalucía) que muy probablemente dejarán de estar en sus manos en las siguientes elecciones y cuatro gobernadas por diferentes partidos (UPN en Navarra, CIU en Cataluña, Coalición Canaria en Canarias y Foro Asturias en el Principado de Asturias). Esta es la radiografía del debacle que sufrió el PSOE el 22-M, al que IU acaba de asestar la puntilla en Extremadura. Y esta es la herencia que deja Zapatero a su partido y al candidato Rubalcaba.

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Cayetano González

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