domingo, diciembre 4, 2022

El Papa cierra Madrid

Por motivos profesionales he consultado la página web del Episcopado para conocer al detalle las actividades del Papa Benedicto en su próxima visita a Madrid. La agenda prevista es realmente apabullante. Viajará a nuestra capital para presidir las jornadas de la juventud, un invento muy querido de su antecesor en la Silla de Pedro, el Papa polaco Juan Pablo II, beatificado recientemente en el Vaticano. Al pontífice que vino del frío le encantaban los baños de multitudes y se movía como pez en el agua en aquellos escenarios colosales, rodeado de muchachadas incansables que le cantaban letanías jubilosas hasta el amanecer: “Juan Pablo segundo, te quiere todo el mundo”. Se le veía feliz, encantado de soportar durante horas y horas el ritual festivo que le preparaban con cariño las conferencias locales. Fue actor en sus años mozos y conservaba un sentido irrepetible para manejarse con soltura en aquellas concentraciones masivas y populares. Tenía tablas, que diría un crítico teatral. Cantaba, daba palmas, jaleaba a los jóvenes y se los ganaba a pulso.

Su sucesor es otra cosa. Ensimismado e intimista, intelectual y filósofo, amante de la liturgia y del ceremonial más clásico, tan del aparato vaticanista y tan teólogo de universalidad católica. Tan diferente el uno del otro, como distinto es un eslavo de un germano. Y sin embargo el Papa hace esfuerzos por seguir el camino que le dejaron marcado y acabará dando palmas mientras una tribu de aborígenes le baila medio en pelotas en algún lugar del planeta. Lo suyo es entrevistarse con la Reina de Inglaterra, donde quedó tan digno su magisterio, pero las cosas de la catolicidad están como están.

Y aquí le tenemos nuevamente. Llegará a finales de agosto y el obispado está dispuesto a parar la vida cotidiana en Madrid toda una semana. Tienen el apoyo total del gobierno socialista, al que nunca podrán criticar y que se ha portado con ellos como un campeón. Habrá ampliado, modernizado, la legislación abortista, normalizado la unión civil de homosexuales y lesbianas, mantiene en un cajón el proyecto de libertad religiosa y de la muerte digna, pero las partidas económicas para la Iglesia Católica en los presupuestos generales han sido las más cuantiosas de la historia. Dejará pendiente la separación real entre un estado laico y la religión mayoritaria de ese mismo estado. El último episodio de este magnífico entendimiento es el acuerdo total entre monseñor Rouco Varela y la cesada vicepresidenta Fernández de la Vega. Ambos acordaron el calendario de festejos de las jornadas y el ejecutivo. Facilitó a Rouco todo lo que pidió: misas en la Cibeles y la Almudena, concentraciones religiosas en la Puerta de Alcalá, via crucis en el Paseo de Recoletos con pases de procesionarios procedentes de medio país, acampada en Cuatro Vientos y papa móvil circulando por las calles y avenidas a cualquier hora del día. La repera. Madrid con el Papa y para el Papa; la capital no es ya aquella ciudad que cerraba en verano, ahora es una urbe que mantiene todo el año una vitalidad admirable, que se verá cercenada o impedida durante cinco fechas en rojo. Se podría haber encontrado decenas de lugares abiertos y agradables para concentrar a los jóvenes católicos, pero se decidió reservar el centro de Madrid y sus principales viales para todo aquello que quisiera organizar la Conferencia Episcopal. Algo que, sinceramente, no se ha producido en una capital europea.

Este fin de semana, cuando entraba en el supermercado, varios voluntarios de Cáritas pedían a los que llegaban que comprasen vituallas para su Banco de Alimentos, abierto a las gentes que ya no tienen ni para comer. Dos chavalitos agradecían los donativos. Cuando veo la otra cara de la Iglesia, la más pegada al mensaje de Cristo, la que refleja la dedicación, el esfuerzo y el Sacrificio de tantas y tantos que tratan de paliar las carencias educativas, sanitarias y asistenciales de centenares de millones de seres humanos que no tienen nada, que ayudan en su nacimiento y consuelan cuando mueren, me pregunto qué tienen que ver con tanta guitarrita y tanta monserga. Su silencio y su sacrificio nada tienen que ver con la algarabía que contemplaremos hasta la saciedad. Si el santo Santiago “cerraba España”, el Papa “cerrará Madrid”.

 

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Fernando González

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