sábado, noviembre 26, 2022

La ultraderecha española, al acecho

El auge de la ultraderecha en Europa, lo hemos visto con su victoria en Finlandia y, anteriormente en Francia con la hija de Le Pen, está resultando implacable. Más allá de las victorias locales, su discurso, especialmente en Finlandia, sobre las ayudas a Grecia, Irlanda y Portugal podría poner en dificultades la estabilización del euro y encarecer las medidas de rescate a estos tres países. Sin olvidar las consecuencias que ya empiezan a acarrear para España en el encarecimiento de la deuda.

El caso es que la ultraderecha sigue ganando terreno en Europa. Además de Francia y Finlandia, también son la tercera fuerza política en los Países Bajos en tanto que en los parlamentos de Suecia, Dinamarca, Letonia, Lituania, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Bulgaria y Grecia ya tienen representación. A parte de factores macroeconómicos de estos países, los ultras europeos comparten la xenofobia como argumento, siendo sus apocalípticos mensajes sobre la inmigración el anzuelo para “pescar” a una población descontenta por la crisis. El aumento del paro y los recortes en conquistas sociales ha hecho que crezca la oposición hacia las ayudas a otros países de economías débiles como los citados Grecia, Irlanda y Portugal.

Aunque no nos gusten sus planteamientos, lo cierto es que la ultraderecha europea está plenamente organizada con unas siglas que respaldan unos partidos políticos que concurren a las elecciones. Esa es la diferencia con la española, aunque también hay otra: los “partidillos” marginales de ultraderecha en España asienta sus principios ideológicos en la nostalgia del régimen franquista.

Pero en nuestro país hay otra ultraderecha que, sin estar organizada en un partido, sí ha logrado colarse en formaciones políticas,  instituciones públicas y privadas y empresas, sobre todo, de comunicación. El PP no les sirve aunque, como es el caso de la Comunidad de Madrid, se aprovechen de él para ir logrando sus objetivos. Parece como una estrategia con el objeto de crear una corriente de opinión que desembocaría en la “necesidad” de alzar un nuevo partido y un líder que aglutine sus aspiraciones. No vea tan descabellada esta idea y mire a su alrededor.  Desde el mundo de la empresa o de la judicatura venimos viendo de un tiempo a esa parte decisiones, por lo menos, cuestionables. En los casos de prensa, radio y televisión, es un clamor y han contado con la complicidad de la presidenta de la Comunidad de Madrid, quien les ha regalado frecuencias de FM o TDT y los alimenta con publicidad institucional. Utilizan esas plataformas para, además de regalarle los oídos a Esperanza Aguirre, sembrar el odio contra Zapatero.

Esa es la otra diferencia de la ultraderecha española respecto a la europea, que lejos de argumentos ideológicos, su inquina contra el Presidente del Gobierno es lo que les une. En eso sí se parecen a la ultraderecha estadounidense, cuya bandera es acabar como sea con Obama.

Hacer crecer el rencor político y fomentar la división da mucho miedo. Y en España hacía tiempo que lo habíamos dejado atrás.

Editorial Estrella

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