jueves, diciembre 1, 2022

El fin del gratis total

Menos música gratis. Spotify recorta su oferta de streaming gratuito y las redes sociales se llenan de protestas y búsqueda de alternativas como Grooveshark o Soundtrckr. Lo mismo ocurre en las noticias internacionales con The New York Times. Mucha gente se ha puesto a buscar y compartir fórmulas para saltar su muro de pago poroso, diseñado para no ahuyentar a los usuarios de redes sociales y de otras webs. Tanto esfuerzo muestra el valor de su marca y de sus contenidos.

El fin del todo gratis amenaza cuando internet no es ya un medio joven y libertario, sino el lugar donde los contenidos y servicios se encuentran con la mayoría de sus clientes. El mayor mercado de contenidos y servicios jamás construido. El todo gratis acaba, pero internet seguirá ofreciendo la mejor y más barata plataforma conocida para los productos innovadores, disruptivos, gratuitos, los que obligan al negocio tradicional a espabilar para no perder clientes o a rendirse a los más eficientes, baratos y con más satisfacción para el usuario.
 
Llega la hora del cambio de negocio. La convergencia es una realidad. Con los contenidos accesibles desde cualquier dispositivo: de móviles a televisiones conectadas. La mayoría de los internautas ya no son jóvenes nativos digitales, internet y el consumo de contenidos digitales se extiende por todas las edades: 9,5 millones de hogares españoles ya están conectados. Ahora que lo hemos probado, lo necesitamos. Es la ley del hiperconsumo: antes era un lujo; después de probarlo, la adicción es irrefrenable.
 
Las noticias, la música, la televisión, el cine o los libros están en la red. Los contenidos profesionales son los más demandados y la era de las producciones de los usuarios (user generated contents, UGC) ha pasado de ser la gran promesa democrática a convertirse en marketing para la oferta profesional.
 
En Estados Unidos, internet ya es el segundo medio en inversión publicitaria sólo por debajo de la televisión nacional y local. En España todavía andamos lejos, aunque se espera que internet alcance este año a los diarios como soporte publicitario y los supere en 2012.
 
El gratis total acaba. Los contenidos de calidad son caros por mucho que las redes y equipos digitales abaraten su producción y distribución. Cuando el negocio es digital, las redes y los nuevos equipos como tabletas (iPad y similares) y televisores, conectados directamente o en consolas, ofrecen más oportunidades para los contenidos. El nuevo presidente de la Academia del Cine, Enrique González Macho, ya ha confesado que no está en las redes sociales que enamoraron a su antecesor, Álex de la Iglesia, pero que la oferta de cine español en internet debe aumentar.
 
El todo gratis puede acabar, pero como vuelve a demostrar el último informe del Observatorio sobre el Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura, la falta de oferta es el principal problema para el desarrollo de nuevos negocios. Y con ella la pervivencia de un sistema de propiedad intelectual de otros tiempos, para otros consumidores, sin contenidos ubicuos e instantáneos como los demandados hoy. Una antigualla que la ley Sinde mantiene, empeñada en frenar el mercado de la abundancia.
 
Los usuarios siguen enamorados del todo gratis. Es eficaz y siempre satisfactorio. Innovador frente a la pereza de los viejos dueños del negocio. El desafío de los contenidos de pago no es sólo ser tan añorado como el streaming gratuito de Spotify –ya la segunda fuente de ingresos de la industria musical en Europa- o como The New York Times, imprescindible para tantos blogueros e internautas huérfanos sin sus noticias y reportajes.
 
Ahora el reto es convencer a los usuarios de la inevitabilidad de convertirse en consumidores. O perderlos por otras ofertas gratuitas y por las descargas, el gran miedo de la industria y el mayor acicate para buscar nuevas fórmulas y negocios.

Juan Varela

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