lunes, diciembre 5, 2022

De periodistas y alborotadores

No conozco personalmente a Vicente Romero. Sin embargo, reconozco su voz, me reconozco en su forma de contar historias, en su punto de vista. Yo, como supongo que miles de españoles, relaciono su timbre, su entonación, su “sonido” con muchos de los grandes acontecimientos de la historia reciente. El sábado pasado volví a escucharle, disfruté una vez más de su manera de presentar el relato, de hacer periodismo. Informe Semanal emitía un reportaje inspirado en uno de los últimos fenómenos editoriales, el libro ‘Indignados’ de Stephane Hessel. Al igual que esa obra, el reportaje que firmaba Vicente Romero zarandeaba la conciencia del espectador. Conciencia adormilada, consciente del momento que vivimos, de nuestra condición de víctimas de excesos financieros y complacencias políticas, pero pese a todo, pese a la evidencia, adormilada si no profundamente dormida. El filósofo José Antonio Marina resumía en Informe Semanal los elementos fundamentales de la indignación: sentimiento de ira, rabia ante un ataque injustificado a la dignidad. Han sido tantos los ataques y tan injustificados que cabría concluir que vivimos en una sociedad indignada aunque paralizada al mismo tiempo.

Hay, sin embargo, algunos ejemplos de cómo se pueden pervertir las consecuencias de la indignación. En este país, de un tiempo a esta parte, abundan periodistas exaltados en canales de radio y televisión muy concretos, situados en el extrarradio de lo decente. Opinadores iracundos que rezuman odio, rencor, pensadores que han mudado su indignación en resentimiento. Este pasado sábado, el mismo día en el que Informe Semanal nos ofrecía otro gran reportaje de Vicente Romero, uno de esos exaltados (yo no le reconoceré la condición de periodista) era detenido en la calle Ferraz, en una protesta durante el comité federal del PSOE, por comportarse de forma violenta. Horas antes había plagado su cuenta de twitter con mensajes del estilo: Rubalcaba a prisión, Zapatero te tenemos rodeado, el demente se va, todos a Ferraz a echarlos… Este tipo se sitúa, sin duda, en las antípodas del ciudadano indignado que describen pensadores como Stephane Hessel en la medida en que su indignación se transforma en violencia física y verbal, él, como todos aquellos que participan de la orgía analítica de ciertos medios, saben que el exabrupto, el insulto, la descalificación, la mentira, la demagogia siempre encontrará consumidores. Hay a quienes les puede resultar relativamente sencillo recorrer el camino hasta el extremo aunque a su paso, como Atila, arrasen los campos de la decencia que se presupone a esta profesión.

Así que este pasado sábado me encontré entre el periodismo, siempre necesario, de colegas como Vicente Romero y la actitud inaceptable de alborotadores mediáticos.

Pedro Blanco

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