sábado, diciembre 3, 2022

“Me voy pero no me ausento”

Hay una deliciosa sevillana de baile que repite en el estribillo: “Me voy pero no me ausento”, y la  he recordado cuando al escucharle a José Luis Rodríguez Zapatero el discurso de primera despedida ante los suyos vino a decir lo mismo: No seré candidato en 2012 pero continuaré en la Moncloa. Estamos buenos…

Quiero pensar que la inmensa mayoría de la gente se habrá quedado como estaba, con excepción de los militantes socialistas y eso que  hemos dado en llamar el mundo mediático. Que desista de presentarse a la próximas generales era algo sabido. No hay organización de cualquier tipo que consienta la derrota a fecha fija porque su candidato ha sido antes desahuciado por quienes tienen la facultad de elegirlo. Y en política no se está para otra cosa que para alcanzar y conservar el poder.

La perplejidad surge cuando a renglón seguido Zapatero afirma que se quedará hasta el final de la Legislatura. Lo que manda el sentido común, el interés general de los españoles y las encuestas es que hubiese plegado para convocar elecciones o, en su caso, dar paso a quien designara el partido mediante primarias a congreso extraordinario.

La fórmula elegida por el presidente del Gobierno, la interinidad por un año, es posiblemente la más inconveniente de las que tenía al alcance, por mucho que suponga un respiro colectivo el hecho de saber que ya tiene fecha de caducidad. Pero en política doce meses es mucho tiempo, y aun se puede ahondar aun más en el despropósito que ha sido su último mandato desde 2008.

Zapatero pasará a la historia como el peor de los presidentes desde la recuperación de la democracia en España. De eso no hay duda. Pero podía haber resarcido su imagen anunciando que no piensa continuar al frente del Ejecutivo. Bien es verdad que tenemos elecciones municipales y autonómicas dentro de seis semanas, lo que no es obstáculo para que se pudieran convocar generales en otoño una vez que el PSOE haya resuelto su nuevo liderazgo. La salida de ZP de la Moncloa es  una necesidad nacional para que pueda emprenderse con nuevas políticas la recuperación de la crisis que reconoció tarde y mal.

No podemos descartar que su renuncia definitiva se produzca después del 22-M, a la vista del desastre socialista que cantan todos los sondeos de opinión. Si el batacazo es de la magnitud que se anticipa, será su propio partido el que le pedirá que abrevie y de paso al sustituto o a la disolución de las Cortes. Esto último sería lo más razonable.

Ningún presidente del Gobierno hasta ahora se había situado tan bajo en valoración por parte de la opinión pública. Ni Felipe González en plena tormenta de los Gal, ni Aznar en medio del zafarrancho de Irak. Y, por tanto, no constituye ninguna sorpresa que el PP  le saque ya 15,8 puntos al PSOE (El País, domingo, 3 de mayo) y que Rajoy pudiera ganar por mayoría absoluta de celebrarse hoy los comicios.

Este “me voy pero no me ausento” es por ahora el último error de Zapatero que arrastrará el poco prestigio que le queda durante un año. A no ser que las circunstancias le obliguen, como lo han hecho ahora, a tomar las de Villadiego por su bien y por el bien de España.

Francisco Giménez-Alemán

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